Tres buenas preguntas sobre inflación

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La semana pasada, Juan Hounie y Diego Zas del Programa Suena Tremendo de Radio El Espectador, me hicieron tres buenas preguntas sobre inflación. Creo que son buenas porque no están formuladas desde la lógica del análisis habitual de los economistas, sino desde quien se cuestiona la veracidad y los fundamentos de afirmaciones que muchas veces asumimos como ciertas.

¿Por qué se pone tanto énfasis en evitar que los salarios sigan aumentando si ellos sólo explican una parte (“menor”) de la inflación?

Un trabajo reciente (1) estima que por cada aumento de 3 puntos porcentuales de los salarios, la inflación tendencial aumenta 1 punto porcentual. La pregunta tiene implícita otra que es: si el pass through de salarios a inflación es 0,3, todavía queda por explicar el 0,7. Por tanto, si de combatir la inflación se trata; ¿por qué no dirigir el esfuerzo hacia los factores que están detrás del 0,7 restante?

Que el pass through de salarios a inflación sea 0,3 no significa que la variación de los salarios explique el 30% de la variación de los precios minoristas. En números, en los últimos doce meses cerrados en octubre, los salarios privados aumentaron en términos nominales 12%. Dado el pass through, 3,6 puntos porcentuales de la inflación tendencial de los últimos doce meses se explica por el aumento de los salarios. Como la inflación tendencial del último año fue del orden del 9%, entonces el incremento de los salarios explicó por sí solo cerca del 40% (y no el 30%) de la inflación minorista. En otras palabras, cuando se calcula la incidencia de la variación de una variable en el cambio de otra, se debe tomar en cuenta no solamente su elasticidad sino también su propia variación.

Que la incidencia del aumento de los salarios en la variación de la inflación tendencial sea del 40% y no del 30% sigue sin responder por qué no atacar “el 60% restante” de los determinantes de los aumentos de precios minoristas. Esta parte de la respuesta requiere algo más de cuidado. Con la excepción del tipo de cambio, no hay ningún precio como los salarios que por sí sólo tenga una influencia tan significativa sobre los precios domésticos (2). En otras palabras, el resto de los factores de costos individualmente tomados que inciden sobre el IPC tienen un escaso impacto en su variación. En consecuencia, procurar incidir en ellos para actuar sobre la inflación tiene un pobre balance costo / efectividad. En breve, las distorsiones que la política provocaría por intentar actuar sobre esos precios, no serían compensadas por una reducción “suficiente” de la inflación. Debido a ello, incidir sobre los salarios es racional desde el punto de vista de la política económica por dos motivos: primero, es más eficaz que actuar sobre otros precios. Segundo, dado que los salarios son un precio que se “fija” en un ámbito institucional especialmente creado a tales efectos (los Consejos de Salarios), la política puede incidir sobre ellos con relativa facilidad. En otras palabras, si los salarios fueran un precio estrictamente de mercado (como la mayoría de los de la economía), la política tendría menos capacidad de influirlos y, por tanto, el debate de cómo incidir en ellos para moderar la inflación no tendría sentido.

Lo anterior no puede ni debe ser entendido como que son los asalariados quienes deben soportar el mayor peso de la política antinflacionaria. En efecto, la razón por la que la moderación salarial es crucial en este momento es porque en los últimos cinco años los salarios reales han aumentado alrededor de una vez y media más que la productividad del trabajo (respectivamente 4% versus 1,5% promedio anual entre 2004 y 2012). Cuando algo así ocurre, las empresas enfrentan presiones de costos que, cuando están en condiciones de hacerlo, trasladan a los precios finales, alentando la espiral de precios y salarios.

Por tanto, de las actuales negociaciones de los Conejos de Salarios es necesario que emerjan aumentos más moderados de los observados hasta ahora. Ello debería ayudar a descomprimir el sistema de precios, al tiempo que evitaría un aumento innecesario del desempleo. Complementariamente, dado que el gobierno cuenta con un mecanismo institucional de coordinación de la política salarial, influir sobre el sistema de precios a través de él es más efectivo que procurar hacerlo a través de otros precios cuya formación refleja de una manera más genuina las presiones de mercado.

¿Son relevantes dos puntos de inflación? Por ejemplo, ¿qué diferencia hay entre una inflación de 9% y una de 7%?

Cualquier libro de texto de economía básica enseña que la inflación es negativa porque, entre otras cosas, redistribuye regresivamente el ingreso, promueve incertidumbre y resiente la eficacia estabilizadora de la política fiscal. Dado que la inflación es mala (3), cualquier tasa mayor que otra es necesariamente peor. Por tanto, una del 9% es peor que una del 7% y una de 7% es peor que una de 5% (por cierto, esta última la meta del BCU). ¿Cuánto peor? Bastante. Veamos por qué.

Primero, la inflación redistribuye el ingreso de manera regresiva porque quienes tienen menos herramientas para defenderse de sus consecuencias son las personas más vulnerables. Al igual que la mayoría de los trabajadores dependientes, los grupos de menores ingresos no pueden ahorrar. De este modo, todo su ingreso queda afectado por el encarecimiento de precios. Sin embargo, las personas más vulnerables son o bien perceptores de ingresos fijos que no tienen un sindicato que los defienda o, alternativamente, son cuentapropistas que no pueden trasladar al precio de venta el aumento del costo de vida que enfrentan. Debido a ello, se ven más afectados que un trabajador dependiente sindicalizado o un empresario que tiene cierto margen para ajustar el precio de sus ventas.

Segundo, la inflación promueve incertidumbre, algo que impide una asignación eficiente de recursos, tiempos, talentos y esfuerzos. Uruguay es un país de larga tradición inflacionaria. Entre 1958 y 1998 la inflación anual promedio fue 63%. Ese año, 1998, fue el primero en cuarenta que la economía tuvo una inflación de un dígito (menos del 10%) (4). Durante el período mencionado, la tasa de inflación no solamente fue muy elevada, sino también cambiante. Por eso, los uruguayos dejamos de usar el peso como reserva de valor y tuvimos que acostumbrarnos a usar al dólar como unidad de cuenta para dimensionar el valor de muchos bienes y servicios. Ese camino nos dejó una economía dolarizada como pocas en el mundo, algo que restringe la función estabilizadora de la política monetaria y estimula la volatilidad de los precios relativos. Debido a ello (aunque no solamente por ello), los ciclos de la economía son extraordinariamente profundos lo que hace frecuentes las alteraciones severas en el patrimonio de las familias, las empresas y el gobierno.

La inestabilidad económica aludida hizo que la impaciencia sea un rasgo distintivo del comportamiento económico de los uruguayos. Ello quiere decir que valoramos más el presente que el futuro y que, por tanto, nuestro horizonte temporal para tomar decisiones es siempre muy corto. Por eso, el ahorro, la innovación, la especialización o la prudencia, por citar sólo algunos ejemplos, no suelen inspirar nuestras decisiones económicas. Lamentablemente, el comportamiento descrito lejos de ser irracional, es la mejor respuesta que podemos tener para enfrentar el entorno económico inestable. Así, la impaciencia, respuesta a la inestabilidad macroeconómica, contribuyó a explicar también por qué Uruguay creció poco durante el siglo XX.

Tercero, una mayor inflación exige una mayor tasa de depreciación del peso para evitar perder competitividad con nuestros socios y rivales comerciales. Y esto sí que es un problema en una economía de doble moneda como la uruguaya. En efecto, como es sabido dada la importancia que tiene el precio del dólar en la formación de precios en Uruguay, una mayor depreciación del peso supone (todo lo demás constante) más inflación. Ello obliga a ingresar en una espiral depreciación – inflación de la cual resulta difícil salir. El ejemplo reciente de la economía argentina (5), debería enseñarnos cuán peligroso y desestabilizador (en todos los sentidos) puede ser este camino.

Con este telón de fondo, el reciente repunte de la tasa de inflación que la ha consolidado en 9% debería ser mirado con preocupación creciente por las autoridades. Primero, porque una inflación de 9% introduce más incertidumbre que una de 7% (y que una de 5% por supuesto) puesto que admite una mayor variabilidad de los precios relativos, algo que alienta una mayor impaciencia de los agentes. Segundo, y más importante todavía, una inflación de 9% queda a tiro de piedra del umbral de 10%, nivel en el que se disparan mecanismos de renegociación de los salarios del sector público y, consecuentemente, de actualización de las pasividades que harían crecientemente costoso volver a estabilizar del sistema de precios. Una vez más, el ejemplo reciente de la economía argentina es elocuente en este sentido.

Por supuesto, para los trabajadores sindicalizados o para las empresas que operan bajo condiciones de escasa competencia, una inflación de 7 o 9% o una de 12% incluso no supone una amenaza relevante. Es por eso, que en el tema de la inflación es el gobierno, único responsable de velar por el interés general, quien debe tener la iniciativa y la última palabra.

¿Por qué no recurrir a los controles de precios para combatir la inflación?

La respuesta más gráfica a esta pregunta es preguntarse; ¿Por qué si controlando los precios se puede combatir la inflación esto no suele hacerse? Sencillamente porque en economías de mercado, y Uruguay es una de ellas, hacerlo de manera generalizada por períodos prolongados no arroja resultados satisfactorios. La historia de los controles de precios como medidas antinflacionarias en economías de mercado está plagada de fracasos. Argentina en los años setenta y Uruguay en los sesenta del siglo XX suelen ser referencias obligadas para entender por qué.

Esencialmente, los controles de precios con fines antinflacionarios suponen la fijación de precios máximos a través de algún mecanismo legal o administrativo y exigen la existencia de instituciones que garanticen el cumplimiento de los límites establecidos. En las economías de mercado, los precios son el resultado de la interacción de agentes que toman decisiones económicas de manera descentralizada. Por eso, intervenir fijando precios suele provocar distorsiones bastante conocidas por los uruguayos como son la escasez, el racionamiento y los mercados negros. Así, muchos recordarán la existencia de precios diferentes para el dólar, la escasez de la carne vacuna, o la celebración de contratos de alquiler en dólares para no quedar comprendidos por las condiciones establecidas por las leyes de alquileres de 1974 y 1981. Es que la descentralización de las decisiones que existe en la mayoría de los mercados, inviabilizan el uso de los controles de precios como mecanismos eficaces para actuar sobre los precios por períodos prolongados.

Por supuesto, lo anterior no quiere decir que frente a determinadas circunstancias no se pueda recurrir a ellos para incidir sobre el nivel de precios. Sin embargo, debe comprenderse que ello es posible hacerlo por períodos muy cortos de tiempo, que sus efectos son limitados y que pueden actuar básicamente sobre las expectativas de la formación de precios. Por eso, es recomendable recurrir a ellos sólo ante situaciones extremas y en el marco de una estrategia antinflacionaria más general y creíble. Además, siempre es más efectivo dirigirlos hacia precios de bienes o servicios cuya oferta está relativamente concentrada y alcanzarlos mediante acuerdos y no imposiciones. En los hechos, si se mira con atención es lo que ha estado haciendo el gobierno uruguayo desde octubre, aunque sus efectos parecen ser más bien moderados a la luz del dato de inflación de noviembre conocido el martes 4. Probablemente, el resultado insatisfactorio pueda explicarse por la falta de un plan más general y creíble para atacar la inflación a mediano plazo.

 

(1) M. Dominguez, B. Lanzilotta, S. Rego, P. Regeira. S Rodriguez. Persistencia inflacionaria y pass through salarial: diagnóstico y causalidad, Jornadas BCU 2012. CINVE

(2) Alude a precios “influenciables” por la política, esto es excluye los precios de los commodities.

(3) Existe evidencia sólida y argumentación plausible para sostener también que una inflación baja (por debajo de 1% anual) también es negativa.

(4) Si bien es cierto que en julio de 2002 la inflación volvió a superar el 10%, desde agosto de 2004 ha permanecido de manera ininterrumpida en registros de un dígito.

(5) Y el de Uruguay entre 1958 y 1973.

9 Comments
  • Lic. Agustin Britos Buruzangaray
    diciembre 5, 2012

    Muy bueno Gabriel. Claridad y llano lenguaje, bien.
    No tienes un boletin electronico que llegue por mail sistematicamente con estas reflexiones ??? En caso afirmativo agradezco ser incluido.
    Sds

    • Fernando
      diciembre 7, 2012

      Me parece que el artículo tiene un error conceptual (menor), en el párrafo inmediato a la primera pregunta, como el propio autor muestra en el párrafo siguiente.

      “[…] La pregunta tiene implícita otra que es: si el pass through de salarios a inflación es 0,3, todavía queda por explicar el 0,7. Por tanto, si de combatir la inflación se trata; ¿por qué no dirigir el esfuerzo hacia los factores que están detrás del 0,7 restante?[…]”

      No hay que explicar el 0.7, pues ese 0.7 (o 70%) no se refiere a la inflación, es el 0,7 de cada punto de aumento de salario que no va a inflación.

      Lo que hay que “explicar”, como muestra el párrafo siguiente, depende de la inflación particular que se tenga, en el caso del ejemplo, hay otros factores que influyen en el 60% de la inflación, si la inflación fuera de 7,2%, habría que explicar el 50%, y así…

      el 0.7 es de cada punto de salario no de inflación.

      saludos,
      Fernando

  • Gabriel Oddone
    diciembre 6, 2012

    Ayer por Twitter se dio un interesante intercambio de ideas con algunos amigos y colegas sobre la estimación del pass through de salarios a inflación que está contenido en el trabajo de Dominguez, B. Lanzilotta, S. Rego, P. Regeira. S Rodriguez; Persistencia inflacionaria y pass through salarial: diagnóstico y causalidad, Jornadas BCU 2012. CINVE que yo cito en mi columna.

    Luego de varios intercambios, decidimos interrumpirlo en ese canal puesto que la limitación de espacio impedía avanzar.

    A sugerencia de algunos colegas, realizo seguidamente algunos comentarios que me surgen a partir del intercambio de ayer:

    1. Mi primera sugerencia a los interesados en el tema es leer el interesante trabajo disponible en (http://bit.ly/UHX6xO).

    2. El trabajo, no estima el pass through de largo plazo, sino que lo hace en ventanas de 7 años. Por eso, no se sostiene en él que sea una estimación de largo plazo.

    3. En relación al que el trabajo no resiste la crítica de Lucas; dos comentarios: i) en el límite ningún ejercicio de este tipo lo resiste, pero aun así los economistas los seguimos haciendo puesto que orientan mejor nuestros análisis. La alternativa es la parametrización de un modelo de DGSE con parámetros que son inobservables y, por tanto, incontrastables. Sería muy bueno poder contar una herramienta de este tipo y el Banco Central es el candidato ideal para estimular su desarrollo; ii) además, insisto, la validez del comentario es parcial, puesto en el trabajo original todos los determinantes de la inflación entran con rezagos. Por supuesto ello no levante la crítica, pero los eventuales problemas de endogeneidad deberían estar parcialmente mitigados.

    4. En uno de sus Tweets Diego Gianelli dijo que el trabajo no reporta resultados sin dummies para ver cuánto explica el modelo. Lo autores del trabajo y yo no estamos seguros si es necesario puesto las ecuaciones están poco intervenidas.

  • Aldo Lema
    diciembre 6, 2012

    Gabriel: la ecuación en la que se basan tus conclusiones tiene problemas de especificación, tanto teóricos como empíricos. Debería anidar mejor la relación de largo plazo entre IPC tendencial y sus variables explicativas (Tipo de cambio, precios externos, salarios). La variable relevante deberían ser los costos laborales unitarios y no los salarios. Y por último, debería controlar por output gap, variable que puede explicar variaciones en márgenes (en transables y no transables).
    Es posible llegar a que los salarios son endógenos, en el largo plazo (y quizás también en el corto), con una mejor especificación del modelo de inflación (Curva de Phillips) o de los salarios (sin omitir expectativas de inflación y productividad).

  • Luis Gonzalez
    diciembre 7, 2012

    No me termina de convencer eso de que los salarios crezcan por encima de la productividad sea malo, per se. Venimos de muchos años donde los salarios evolucionaron muy por debajo de la productividad (como cualquier pais en desarrollo) y ahora quizas sólo están poniendose al día? Me da la sensación que se omiten un par de asuntos:

    – Ni los bienes que componen el IPC, ni por lo tanto su demanda y su componente salarial, no son representativos del total de la economía.

    -En situaciones de cambio estructural como el que vive el país es de esperar que una parte (esa parte) de la economía no transable se comporte de forma “anormal” o rompa la tendencia.

    – No es acaso normal que cuando la mano de obra barata empieza escasear suban los salarios en el sector no transable? Uruguay está en el fin de la transición demográfica, el crecimiento de la población es casi nulo y quizas en esta decada ya sea negativo. Ya no es tan facil encontrar un jardinero que te corte el pasto por 200 pesos ni una empleada domestica por 8000 pesos. Por suerto. Esos son los salarios que mas subieron en los ultimos años. Ni los jardineros en Dinamarca cobran 200 pesos, ni las empleadas domesticas cobran 8000 pesos y no es porque sean mas productivos si no porque dadas ciertas condiciones, su salario crece por encima de la productividad. Eso es algo bueno, genera una demanda que antes no existía.

    En conclusión, yo veo al tema como un balance entre dos cosas, seguir profundizando ese cambio estructural hasta que la inflación lo permita. Quizas ya llegamos a ese punto. Quizas no. Pero no culpo a los que creen que quizas el riesgo de que por querer detener la inflación se detenga ese cambio estrutctural sea mucho peor que la situación actual.

  • Bibiana Lanzilotta y Santiago Rego
    diciembre 7, 2012

    Gracias en general por los comentarios. Al margen de algunos detalles menores es de rigor aclarar algunos elementos.

    En primer lugar, que se trata de un trabajo que apunta al corto plazo, en ningún caso se pretende establecer relaciones de largo plazo. Es inútil intentar que el trabajo diga lo que no pretendió decir. Es más diríamos que en ese sentido se trata de un trabajo muy poco pretensioso (para el grado de repercusión que tuvo….-gracias!!-) y cortoplacista.

    En segundo lugar, sus principales objetivos son dos:

    1. estimar el nivel actual de persistencia inflacionaria (actualizando algunas estimaciones más viejas) y
    2. discutir la relación causal o no entre el nivel del pass through (cambiante, cuando se toman lapsos cortos de tiempo..promedios móviles de 7 años) y la persistencia inflacionaria.

    Así, los resultados son básicamente 2:
    1. El primero es la evolución de la persistencia inflacionaria entre 1995 y 2012.
    2. Se encuentra causalidad a la Granger (precedencia) entre pass through y persistencia. El primero anticipa el segundo y no viceversa.

    En tercer lugar, la implicancia de política es clara (y casi obvia). Diríamos que el paper no aporta demasiado en ese sentido dada la obviedad de la conclusión: seamos cautos con los mecanismos de indexación salarial dada la relación probada en el paper. (véase 2. anterior)

    Aclarados estos puntos no podemos más que coincidir con algunos de los acertados comentarios de Diego. Como los que hacen referencia a que
    “partiendo de una instancia de equilibrio, el traspaso debería coincidir aproximadamente con la participación de los Costos Laborales Unitarios (CLU) en la función de producción. “
    O, que “en el largo plazo los salarios reales y el TCR van a ser lo que deban ser (la pregunta es: ¿con cuanta inflación?)”.

    O, que “el traspaso (de corto plazo) es condicional a múltiples factores, uno de ellos es la dimensión de los shocks nominales”, y en este sentido en alguna medida podría existir endogeneidad en el traspaso. De todas formas es bueno explicar sobre este último punto que para evitar que en el CORTO PLAZO la endogeneidad de las variables salariales respecto de los precios las estimaciones incluyen variables rezagadas (hasta con un semestre de rezago) de las primeras.

    Respecto a las dudas metafísicas sobre la especificación del modelo de pass through, sobre cuánto explica de la variabilidad de los precios se pone a disposición de los interesados las estimaciones completas. También se pone a disposición las series estimadas de persistencia y traspaso.

    En fin, nuevamente gracias por los comentarios.
    pd. se trata de semielasticidad de la inflación al desempleo

  • Bibiana Lanzilotta y Santiago Rego
    diciembre 7, 2012

    Aldo, gracias por los comentarios.

    Parte de las respuestas están en el comentario anterior sobre lo que escrbió Diego.

    Creemos que el foco de la discusión se está corriendo hacia un punto al cual el trabajo no apunta.
    Se calcula el traslado de salarios a IPC tendencial de corto plazo en ventanas móviles de 7 años. No es el objetivo estimar relaciones de largo plazo, ya que el cálculo del pass through se utiliza para evaluar su incidencia en la persistencia (calculada anteriormente), también calculado en el corto plazo.
    Las variables “salariales” son costos laborales privados y salario mínimo. Además se incluyen TC, bienes intermedios y factores de demanda, todos rezagados para evitar problemas de endogeneidad. No vemos problemas de especificación en este sentido.

    Compartimos la discusión sobre los márgenes procíclicos, más allá de la semielasticidad con la tasa de desempleo comentada anteriormente.

  • Alejandro Vásquez
    abril 6, 2013

    Estimado Gabriel, en el articulo se menciona una caracteristica de la perspectiva temporal y la toma de decisiones inter-temporales de los uruguayos. Cito “La inestabilidad económica aludida hizo que la impaciencia sea un rasgo distintivo del comportamiento económico de los uruguayos. Ello quiere decir que valoramos más el presente que el futuro y que, por tanto, nuestro horizonte temporal para tomar decisiones es siempre muy corto.” Agredezco si me puede pasar referencias empiricas sobre esto o si hay personas interesadas en este tipo de investigacion desde las CCEE, ya que en la Facultad de Psicología estamos trabajando sobre procesos temporales, y en el personal me gustaria pasar algunos de estos trabajos al ámbito de la toma de decisiones económica.
    Muchas gracias,
    Alejandro.

    • Gabriel Oddone
      abril 10, 2013

      En la literatura económica existen múltiples referencias relacionadas con tu inquietud. Dentro de ella destaco la que comprende los temas de la consistencia intertemporal de las tasas de descuento y la de cambios de preferencias en el tiempo. En general, esta literatura está asociada al campo del “Behavioral Economics” donde nuestra disciplina se emparenta mucho con la Sicología. Los artículos que listo a continuación son de referencia para orientar la búsqueda. Todos ellos son de fácil acceso desde Internet.
      1. Shane Frederick, George Loewenstein, Ted O’Donoghue, “Time Discounting and Time Preference: A Critical Review”.
      2. O’Donhogue and Rabin, “Doing it now or Doing it later”.
      3. Della Vigna and Malmendier, “Paying Not to go to the Gym”.
      4. Shui and Ausubel, ‘‘Time Inconsistency in the Credit Card Market’’.
      5. Gruber, J. and B. Koszegi, ‘‘Is Addiction ‘Rational? Theory and Evidence’’.
      6. Antoine Bommier (2005); “Uncertain Lifetime and Intertemporal Choice: Risk Aversion as a Rationale for Time Discounting”; CNRS and University of Toulouse (GREMAQ). http://neeo.univ-tlse1.fr/1345/1/bommier.pdf.

      En el caso de Uruguay el tema ha sido menos desarrollado. Hasta donde sé, existen dos tipos de referencias: i) las que lo han tocado con un enfoque más bien ensayístico (Mantero, Oddone y Rama) y; ii) las que lo han hecho de manera instrumental para desarrollar otros temas (Forteza & San Román y Munyo). A continuación el detalle:
      1. Forteza A. & San Román G. (2012); ” Estimation of a Structural Model for Retirement in Uruguay”. DECON, UDELAR. http://www.bvrie.gub.uy/local/File/JAE/2012/iees03j3471112.pdf
      2. Mantero R., (2011) “El gran susto colectivo”; publicado en El Observador el 30 de agosto de 2011.
      3. Munyo I. (2012); “The Juvenile Crime Dilemma”; CERES. http://www.bcu.gub.uy/Comunicaciones/Jornadas%20de%20Economa/iees03j3671112.pdf.
      4. Oddone, G. (2010); “El Declive: la economía durante el Siglo XX”; Editorial Linardi y Risso.
      5. Rama, M. (1991); “El País de los Vivos: Un Enfoque Económico”; Revista Suma Nº 11, Vol. 6, CINVE – Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo.
      6. Vigorito A. et al (2010): “Preferencias adaptativas: Entre deseos, frustración y logros” IECON. http://www.iecon.ccee.edu.uy/preferencias-adaptativas/publicacion/213/es/)

      Alfonso Capurro, que trabaja conmigo, ha trabajado en el tema durante su formación de maestría, razón por la cual tiene acceso a bibliografía. Pueden ponerse en contacto con él.

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