¿Qué hacer frente a la crisis internacional?

(Publicado en diario El Observador en edición de octubre 2008.)

A esta altura es un lugar común empezar un artículo de opinión económica sosteniendo que el escenario externo de 2009, y probablemente 2010, será negativo para Uruguay. Menores precios de exportación, restricciones para el financiamiento externo, caída de la demanda por turismo, enlentecimiento de la inversión extranjera, un dólar menos débil en el mundo y fuerte descenso del precio del petróleo, serán los efectos directos de la crisis internacional sobre Uruguay. Además, las consecuencias de la crisis sobre nuestros dos principales socios comerciales, Argentina y Brasil, reforzarán la restricción externa prevista.


Aunque las consecuencias sobre la economía global de la crisis serán más graves y probablemente más perdurables que las del período 1998 -2001, Uruguay está mejor preparado para el impacto negativo que en 1998. Si la prudencia prima en 2009 y la depreciación del peso no termina siendo muy profunda, el menor aumento de la recaudación tributaria derivado del enlentecimiento económico no debería traducirse en un problema fiscal grave para 2010. Además, el sector externo está más balanceado, el sistema financiero es más sólido y está menos expuesto a Argentina, y, finalmente, el régimen cambiario es más adecuado para enfrentar escenarios externos adversos.
A pesar de lo anterior, el comportamiento del gobierno y de los agentes privados en los próximos meses será clave para determinar la profundidad y la duración del ajuste requerido. El pasado nos enseña que la política económica debe ayudar a minimizar las rigideces de la economía. Ello requiere evitar expandir partidas de gasto público de naturaleza permanente, no convalidar acuerdos salariales que exijan ajustes significativos de empleo si las ventas caen en forma significativa, así como impedir apartamientos prolongados y pronunciados de los precios en dólares respecto a Brasil. Si bien debe reconocerse que el número de instrumentos con que cuenta el gobierno para perseguir estos objetivos es insuficiente y que la economía política impondrá limitaciones a la política económica en el año electoral, el gobierno tiene cierto margen de maniobra todavía. En efecto, hay espacio para actuar sobre el gasto público de 2009 en al menos medio punto porcentual del PIB, los ajustes de salarios de una buena parte de los sectores para los próximos veinticuatro meses no fueron homologados todavía y la caída de los precios de los commodities permitirá que la inflación objetivo pueda ser alcanzada pese a la mayor depreciación del peso que será necesario procesar.
Mientras tanto, ¿qué acciones podrían tomar los agentes privados para minimizar los efectos negativos de la crisis internacional? Aunque resulte obvio, la cautela debería ser el principio que guíe las decisiones, en particular las que involucran horizontes largos. Por ejemplo, las familias y las empresas deberían ser muy cuidadosas en calzar sus posiciones financieras en monedas y plazos para evitar quedar descubiertos ante cambios abruptos de los precios relativos que las afecten a ellas o a sus clientes y empleadores. Familias y empresas deberían privilegiar la preferencia por la liquidez conteniendo el endeudamiento especialmente por períodos prolongados.
Las empresas tendrían que evitar stocks excesivos, especialmente aquellas que se verán afectadas por la caída de los ingresos en dólares de los hogares, como son las dedicadas a la comercialización de bienes de consumo duraderos. Los exportadores deberían diseñar estrategias defensivas para preservar y fidelizar a los clientes y ser proactivos en aprovechar las oportunidades que pueden abrirse por las dificultades de financiamiento y de precios relativos que probablemente enfrentarán sus competidores, especialmente los brasileños. Finalmente, en el negocio del retail desarrollar servicios masivos, baratos, y de bajos stocks probablemente ayudará a enfrentar mejor el cambio de escenario.
Al menos por ahora, es posible descartar un fenómeno como el de 1999 – 2002 para los próximos meses. Sin embargo, dada la magnitud de la crisis internacional y la incertidumbre sobre las soluciones que finalmente se alcanzarán, la prudencia del sector público y de los agentes privados es clave para evitar un crecimiento muy desbalanceado en 2009 que requiera un ajuste más profundo posterior.

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