La Enfermedad Prevalente – Entrevista con El País Agropecuario

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Gabriel Oddone y el bajo crecimiento a largo plazo de la economía uruguaya.

-Hay buenas razones para pensar que la era de precios de los commodities alimenticios muy elevados, (…) de tasas de interés muy bajas, de dólar barato –todo lo cual conformaba un escenario extraordinario para los países exportadores de América del Sur-, está llegando a un final –comenzó Oddone-.

Su despacho está situado en una esquina del piso 14 de la Torre 2 del World Trade Center Montevideo. Esquina quiere decir ventanal de un lado y ventanal del otro. Desde allí – obviamente- se le descubren ángulos nuevos a la zona ubicada en el Este de Pocitos, bien distintos a los que son perceptibles desde el llano. En los hogares de clase media alta también hay ropa colgada, rajaduras en alguna pared y cachivaches tirados en un patio.

Economista titulado en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) de la Universidad de la República (UdelaR), Gabriel Oddone París es socio en la firma CPA Ferrere e investigador senior en el Centro de Investigaciones (CINVE). Desde 2002 es profesor titular de Política Económica en la FCEA y, desde 1998, profesor titular de Fundamentos de Análisis Económico en la Facultad de Ciencias Sociales, también de la UdelaR.

Además, es consultor de organismos internacionales en países de América Latina en temas relativos a la modernización de la administración pública, al Poder Judicial y a la educación.

Hijo de Blanca París y Juan Antonio Oddone –que integraron las primeras generaciones de historiadores egresados de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UdelaR, y fueron dos de los pioneros de la llamada Nueva Historia uruguaya-, delineó su formación atento a la impronta materna y paterna: el Doctorado que eligió es el de Historia Económica, y lo curso en la Universidad de Barcelona.

Macroeconomía, Economía del Sector Público e Historia Económica son las áreas de especialidad de este profesional nacido el 5 de setiembre de 1963.

Recibió a El País Agropecuario el jueves 14, un día antes de su disertación en la Expoactiva, que motivó declaraciones del presidente José Mujica: “Oddone no se subió en su vida a un arado ni en pedo” y, enseguida –con tono asertivo-, “pero bueno, es importante darle pelota”. Tractor debió decir, porque a los arados no se sube.

Durante la entrevista, empleó a menuda las palabras “nosotros” o “creemos”, no para hablar de sí mismo en plural, sino para reflejar que se trata de opiniones compartidas con compañeros suyos de CPA Ferrere.

Médicos amigos míos suelen usar la expresión “enfermedad prevalente” para aludir a las patologías preponderantes en Uruguay. Oddone no utilizó este último vocablo, tan difundido en el mundo de los galenos, pero diagnosticó con similar categorización de importancia, no los males del cuerpo y del alma, sino los de la economía. Que seguramente, más temprano que tarde, terminan afectando al cuerpo y al alma.

Nueva era

-Hay buenas razones para pensar que la era de precios de los commodities alimenticios muy elevados, (…) de tasas de interés muy bajas, de dólar barato –todo lo cual conformaba un escenario extraordinario para los países exportadores de América del Sur-, está llegando a un final –comenzó Oddone-.

Todos sabíamos que eso iba a ocurrir. Bastaba que la economía de los países industrializados empezara a recuperarse –o por lo menos una de ellas-, para que ocurriera. Se venía postergando. En su momento se había dicho 2013 –cuando lo veíamos desde el 2012-, luego 2014 y ahora alguno especula con que será en 2015. Ya tenemos indicadores de mercado que señalan que esto podría estar anticipándose, y podría tener lugar a lo largo del 2013 y tal vez más vigorosamente en 2014.

¿Cuáles son esos indicadores? El primero es la recuperación sistemática de la Bolsa en EEUU, lo cual indica, por primera vez en mucho tiempo que hay avances sistemáticos de las inversiones de riesgo. En segundo lugar, vemos un aumento de las tasas de interés de mercado en EEUU (…).

También tenemos lo que llamamos inflación de arbitraje, o sea la que iguala los rendimientos de los instrumentos del Tesoro estadounidense indexados a la inflación. Hay ahí una inflación que está implícita en los títulos nominales, que iguala el rendimiento con los títulos indexados a la inflación. Muestra que la tasa de inflación esperada en el arbitraje ya está ubicada consistentemente en 2,5%, lo que indica que se trata de una inflación más parecida a la inflación de largo plazo de EEUU.

Todos esos elementos que el mercado está poniendo sobre la mesa (…) anticipan una recuperación más vigorosa de la economía norteamericana de la que veíamos hace seis meses.

Si a eso le sumamos que (…) la tasa de desempleo en EEUU se ubica consistentemente por debajo del 8%, que en algunos mercados inmobiliarios los precios de las viviendas muestran recuperación, uno empieza a cuestionarse si estas políticas agresivas de expansión de liquidez que la Reserva Federal ha practicado desde 2008 en adelante –pero sobre todo en los últimos 12, 14 meses- no empiezan a encontrar un fin.

Si es así, debería suponer no tanta emisión monetaria, (…), y eso debería traducirse, en algún momento del 2014, en aumentos de la tasa de interés de referencia, porque la inflación empieza a ser un problema –hasta ahora no lo fue por la baja en el nivel de actividad-, y eso no deja un mundo con un dólar tarde o temprano más fortalecido.

Entonces, hay dos condiciones -de las tres que caracterizaban este mundo de los últimos años- a las que, en principio, le damos fecha de terminación para algún momento del final del 2013 o principios del 2014. ¿Cuáles son? Que, a nivel global ni las tasas de interés van a ser tan bajas como hoy. , ni el dólar va a ser tan barato.

¿Qué supone para Uruguay? En primer lugar, que va a haber inversiones más atractivas que las que se pueden encontrar en países emergentes. Por lo tanto, flujos de capital tan positivos como los que hay hoy podrían empezar a moderarse.

Segundo, que la disponibilidad de financiamiento para proyectos de largo plazo podría ser menor. Por lo tanto, costo más caro del acceso a financiamiento. Y además -y sobre todo-, que si el dólar no es tan barato como hoy a nivel global, (…), dado que los commodities se transan en dólares, o sea la unidad de cuenta en la que se miden sus precios está expresada en dólares, los precios de los commodities, (…), ya no van a tener tañía probabilidad de seguir subiendo, sino más bien de moderarse. La única razón por la que seguirían aumentando es de mercado: porque la demanda china está, porque la demanda india está, porque hay problemas por algún evento climático o por algún desajuste de los stocks.

-Para un exportador uruguayo, ¿la recuperación del tipo de cambio puede compensar que los precios en dólares no sigan teniendo los mismos aumentos?

Para un exportador uruguayo ubicado en el sector agropecuario el aumento del valor del dólar a nivel global tiene dos costa dos: uno favorable y uno negativo. El favorable podría ser menos presión en el merca do uruguayo hacia la apreciación del peso y. por lo tanto, un aflojamiento de la tensión de sus costos en dólares. Por otro lado, sus precios de exportación, que se miden en dólares, no tienen una probabilidad de aumento por razones de debilidad tan grande del dólar. Habría que ver, en el mix, cuál es el resultado final.

Creo -en cualquier caso- que el escena-rio que se insinúa sigue siendo favorable para el exportador uruguayo y para el exportador agropecuario uruguayo. Pero, probablemente, es un escenario -en perspectiva- no tan bueno. Nadie debería proyectar lo que vio en los últimos años como lo que va a venir. Más bien, vendrá un escenario en el que no se va a ver un deterioro, pero la probabilidad de que algunos de los negocios se incrementen al ritmo en que venían aumentando no es tan grande.

-¿No era inevitable eso? Siempre se dijo, por ejemplo en el boom de precios de 2008: ‘Esto no va a durar toda la vida’.

Es un caso distinto. En el 2008 tuvimos un boom de precios estrictamente jalonado por un proceso especulativo previo, que se desató antes de la explosión de la burbuja. Asistimos a una inflación de los precios de los activos, medidos en dólares, a todo nivel. Y a la inflación de activos inmobiliarios primero, y -cuando se pinchó esa burbuja-a la inflación de activos de commodities agrícolas y petroleros, y después (…) a una abrupta corrección. (…).

(…) en los últimos tres años, los precios de los commodities agrícolas reflejan razonablemente los fundamentos del mercado. En otras palabras: no pensamos que la soja vaya a tener una contracción de esos 500 dólares por tonelada que hoy bordean, si no ocurre un evento climático, o un evento específico del mercado de la soja, como un sobre-stock, o una sobreproducción, o una sobre-cosecha, por un clima muy favorable. (…). No vemos el pinchazo de una burbuja. Más bien vemos el final de una era, como ya mencioné. (,..).

Lo que ha cambiado en los últimos seis meses es que, pese a que está lejos de resolverse el problema de fondo en Europa, aun así los mercados ya tienen como descontado que el problema financiero europeo no va a traducirse en una afectación global de los movimientos de capitales y que la recuperación norteamericana va a dar una especie de mayor solidez al mundo industrializado. Por lo tanto, esta era del dólar barato y tasas bajas -por lo menos en el “circuito dólar”- estaría llegando a su fin. (…).

Impacto en Uruguay

-Ante ese escenario posible y probable, ¿qué debería hacerse en Uruguay, desde las políticas públicas?

-Déjeme dar un paso ateas antes de llegar a eso. Uruguay viene de una situación de crecimiento largamente por encima de su tendencia. En los últimos seis años el país ha crecido a una tasa promedio del 6%. La tasa de crecimiento de largo plazo de Uruguay se ubicó siempre en el orden del 2%. Podríamos asumir que en los últimos 20 años la tasa de crecimiento tendencial se ubicaba entre 2,5 y 3%, más cercana al 3 que al 2,5% (…).

Desde la salida de la crisis del 2002 a la fecha muchas cosas pasaron en Uruguay, que nos hacen pensar a muchos (…) que la tasa de crecimiento de largo plazo se podría haber acelerado, en los últimos cinco u ocho años, del 3%, 2,8 o 2,9, hasta 3,8, tal vez casi 4%.

¿Por qué? Porque en Uruguay el escenario internacional se volvió muy, muy favorable, como consecuencia de lo que hablábamos antes -precios altos de los commodittes, liquidez abundante, etc.- pero eso se dio en un momento en el que Uruguay manejó una crisis de un modo ordenado y prolijo, algo que le generó reputación y visibilidad a nivel global (…).

Y también porque en las fases con fuerte competitividad internacional (…). Uruguay aumentó la productividad de manera notoria en los últimos años. En la fase agrícola, en la fase ganadera, en la fase maderera y en general en las fases agroindustriales relacionadas con la producción maderera y frigorífica ha habido una inversión extremadamente alta y, por lo tanto, una mejora extraordinaria en la productividad.

Todo eso generó condiciones para que el país acelerara sus tasas de crecimiento de largo plazo. (…). (…) en los últimos seis arios creció (…) al 6%. No sólo estábamos acelerando nuestra tendencia de largo plazo, sino también era muy acelerada nuestra fase cíclica. Es la razón por la que tenemos una tasa de desempleo prácticamente en cero: 6%.  Para Uruguay, es una tasa de desempleo prácticamente nula. También es la razón por la que nuestro sistema de precios está tan tensionado y nuestra infraestructura está colapsada, porque el país ha acelerado su tasa de crecimiento de largo plazo en poco tiempo, y además atraviesa una fase cíclica muy expansiva (…). (…) la infraestructura no ha reaccionado a la velocidad necesaria, ni la energía, ni el transporte. La reacción ha sido más lenta que la evolución de la demanda (…).

No hay forma de que Uruguay siga creciendo al 6% de promedio anual. Porque del lado de la oferta, no hay disponibilidad de gente, ni disponibilidad de capital humano adicional ni infraestructura suficiente para acompañar un crecimiento, aun cuando las condiciones de demanda estuvieran. (…).

Pero, además (…), durante2002 se procesaron dos o tres cosas que terminaron de afectar este excelente ambiente de crecimiento económico. En primer lugar, fenómenos de sequía que tuvieron lugar en el primer semestre del año pasado, que afectaron -no tanto a Uruguay sino a la región-y provocaron una evolución del sector agrícola, por ejemplo en Brasil, muy por debajo de lo esperado.

Y eso se produjo en un contexto en el que (…) Brasil creció, el año pasado, apenas al 1%. En 2012 fue el país de los BR1CS que menos creció, lejos (…). Además, Argentina se desordenó financieramente e ingresó en un terreno de política macroeconómica mucho más desordenada, que genera más incertidumbre.

Todo eso hizo que el ambiente regional se volviera más confuso y menos amistoso para Uruguay. Los sectores exportadores altamente expuestos a la región enfrentaran más dificultades.

Como si fuera poco. Brasil ingresó en una fase proteccionista y Argentina también. Y ambos se abarataron en dólares respecto a Uruguay (…) y además se enlentecieron en su ritmo de crecimiento. Uruguay absorbió un importante shock externo regional.

¿Qué nos dejó eso al cierre del 2012? Una economía a tres velocidades: una en la que las actividades fuertemente integradas al mercado internacional -como la del sector agrícola, la de los frigoríficos, la del sector maderero, y toda la logística que rodea estos sectores- siguieron creciendo a tasas aceleradas, porque sus precios están tonificados, Y si bien es cierto que se han reducido los márgenes, o la rentabilidad de esas compañías -porque los costos en dólares crecieron-, tampoco se han comprometido mucho, porque los precios permitieron absorber parte de esos costos.

Velocidad dos: tenemos una industria manufacturera altamente expuesta a la región, muy intensiva en mano de obra, que recibió un golpe importante. El golpe de las imposiciones de Moreno (el secretorio argentino de Comercio humor}, del IPI (Impuesto a los Productos Industrializados) brasileño, de la desaceleración argentina y brasileña, del abaratamiento argentino y brasileño. ¿Qué tenemos entonces? Una industria manufacturera que registró en 2012 -cuando uno excluye la refinería, las plantas de celulosa, los frigoríficos y la rama de alimentos que incluye a Pepsico en Colonia, cuatro ramas fuertemente conectadas con el mundo-. (…) un proceso de contracción prácticamente a lo largo de todo el año, pero sobre todo muy agudo en la segunda mitad de 2012. (…). Por eso los sectores autopartistas, textiles, algunos laboratorios, algunos productos químicos, trabajan con dificultades.

Y, tercera velocidad, un mercado interno que hasta el cuarto trimestre acompañó, con un consumo muy tonificado, básicamente porque (…) el salario real venía creciendo 3.5% y la tasa de desempleo es muy baja.

Sin embargo, el mercado interno -que es muy chiquito- es altamente dependiente del empleo y, dado que las industrias que están en dificultades desde hace seis meses no tienen mecanismos de corrección de su rentabilidad por el lado de los precios (…), es muy probable que estén resolviendo parle de sus dificultades bajando costos vía desempleo. Un dato que se insinuó en setiembre y luego se corrigió, pero que se volvió a insinuar en enero, cuando el empleo mostró una contracción. (…).

El riesgo para el 2013 es que haya un contagio del sector regional (la industria uruguaya altamente expuesta a la región) hacia el mercado interno, vía tasa de desempleo en el sector industrial, que es intenso en mano de obra. Si eso ocurre, la economía va a transitar, a lo largo del 2013, de un crecimiento del 4% a uno del orden del 3%, continuando con la desaceleración cíclica.

-Aunque la velocidad 1 continúe.

-Aunque tengamos una tasa de crecimiento de largo plazo del 4% hay veces en que la economía crece por debajo de la tasa de crecimiento de largo plazo y eso es simplemente una fase de desaceleración cíclica. Nuestro pronóstico de crecimiento para 2013 es 3,6% Pero si uno le descuenta los efectos de la construcción de la planta de Montes del Plata y la mayor generación de energía eléctrica que estimamos va a haber este año vía energía hidráulica, que contribuye al PB1 mis que la generación fósil-, si descontamos todo eso, la economía uruguaya tiene que crecer al  3%. (…). Y si Brasil no logra recuperar su crecimiento y ponerse al 3% en 2013, en perspectiva Uruguay converge al 2% antes que al 3.

Uruguay va de una etapa de fuerte crecimiento económico con una etapa de máxima expansión cíclica en los últimos años-a una fase en la que va a crecer por debajo de su tendencia, en una etapa más o menos intensa de desaceleración. Esta situación nos agarra con una inflación alta, muy caros en dólares y con un deterioro fiscal importante en los últimos meses.

Entonces, ahí viene su pregunta. ¿Cuál es el escenario que el país enfrenta? Uruguay tiene todas las señales de alerta prendidas, corno para saber que de la era de los astros todos alineados a su favor va a pasar a una era en la cual va a haber astros que van a seguir alineados a su favor, pero van a haber otros que no lo están.

Las condiciones para crecer sistemática mente por encima de la tendencia queda ron atrás. Probablemente vuelvan más  adelante, pero por ahora no. Uruguay tiene que gestionar una transición cíclica de una etapa de fuerte aceleración a una de menor crecimiento. Eso lo puede hacer de muñera pasiva -simplemente observando cómo ocurre y acompañando el proceso o lo puede hacer de una manera proactiva.

Hacerlo de manera pasiva supone seguir gestionando lo que tenemos, ¿Qué quiere decir eso? Bueno, la inflación está en 9% y ya llegará el momento en que ceda. ¿Cuándo? Cuando la tasa de desempleo se eleve un poco, cuando los salarios se moderen.

Estamos 20% caros en dólares respecto de Brasil (…). El tipo de cambio real bilateral con EEUU es el más caro de los últimos 10 años. Podemos esperar que el ajuste se produzca cuando Uruguay reciba un shock externo o podemos gestionarlo activamente. Mientras menos activamente se gestione la transición, más abrupto va a ser el ajuste. De lo que se trata es si vamos a un aterrizaje forzoso o a un aterrizaje suave.

Si se decide no actuar, o si no se puede actuar en materia de política económica, el aterrizaje va a ser más o menos forzoso. ¿Cuándo? Probablemente, hacia 2015 o finales de 2014 (…). Si se decide actuar, seguramente el ajuste empezará antes y será menos abrupto.

¿Cuáles son las cosas en las que, en mi opinión Uruguay debería actuar más proactivamente, para que el ajuste cíclico sea menos intenso? Porque mientras más intenso sea el ajuste cíclico, más afectación de la economía real se produce, o sea más caída del PBI se puede producir, más aumento del desempleo se puede producir y más desajustes de precios relativos se pueden producir, requiriendo eventualmente una depreciación de la moneda -más adelante, no hoy- más abrupta.

Lo primero que debería decir el gobierno es: “¿Cuál es mi objetivo central de politica económica en los próximos 14 meses?”. ¿La inflación, la distribución del ingreso, sostener el crecimiento? Algún objetivo debería primar sobre los demás. En principio, creemos que el gobierno de Mujica -sin descuidar, o sin intentar descuidar los equilibrios macroeconómicos- puso énfasis en otras cosas, no en la estabilidad macroeconómica. Priorizó el aumento del gasto público social la continuidad de la recomposición salarial y de la mejora del poder adquisitivo de las familias por encima de la estabilidad intertemporal macroeconómica. ¿En qué situación nos dejó? (…) con una inflación alta, un encarecimiento en dólares significativo y un deterioro fiscal.

De aquí en adelante, ¿qué debería hacer el gobierno? En mi opinión, si quiere poner a la estabilidad macro en el centro de atención, o sea si quiere actuar proactivamente para que esa transición cíclica sea menos violenta en los próximos dos o tres años-, debería coordinar mejor sus políticas. Debería acompañar a la política monetaria que se ha vuelto un poco más contractiva en los últimos meses, con una política fiscal más contractiva y con una política salarial alineada a esto.

No debería ocurrir lo que sucedió el último año, cuando pasamos de una situación fiscal casi de equilibrio a un déficit fiscal del 2,6% del PBI. Deberíamos evitar que los salarios reales siguieran creciendo a tasas que no están relacionadas con la evolución de la productividad. Eso permitiría que esta inflación del 9% converja a niveles más razonables y que la tensión entre tipo de cambio e inflación pase a otro nivel. O sea, que lograr inflaciones razonables no requiera llevar el tipo de cambio a $ 18, como seguramente termine llegando.

No hay nada dramático por venir. No hablamos de una crisis. No hablamos de nada agudo. Hablamos de cómo se decida gestionar la transición de una fase alta del ciclo a una fase baja. Mientras más activamente se actúe en lo que resta de esta administración -en particular este año, con la última Rendición de Cuentas disponible y la última negociación salarial importante-, más vamos a ayudar a enfriar la economía de una manera ordenada (…).

El ciclo político-electoral

-¿Hay condiciones políticas para actuar proactivamente, considerando que la economía va a entrar en un ciclo político por razones electorales?

-En mi opinión, no. Aunque no estuviéramos en esta coyuntura política particular, (…) mi respuesta seguiría siendo no. La historia de Uruguay enseña que, si uno toma la política fiscal y el gasto público en particular, encuentra que hay un ciclo electoral en la política fiscal.

Si uno toma los últimos 100 años de la historia del país, va a encontrar que el gasto público tiende a crecer en años electorales y tiende a contraerse en los años pos-electorales (…). Entre medio y un punto del PBI. Los gobernantes uruguayos intentan mostrar en el periodo electoral, de una manera artificial, que las cosas van mejor de lo que van. Es una regla histórica desde 1920 hasta ahora. Está largamente documentado en la historia uruguaya

El funcionamiento de la institucionalidad democrática uruguaya indica que gobierne quien gobierne-, dada la importancia que la democracia tiene en Uruguay, y dada la importancia que tiene en una democracia validarse electoralmente, en una sociedad donde el voto es obligatorio, lo que los gobiernos suelen hacer en el período electoral es desordenarse (…). Intentan simular una situación que no existe. (…).

En este gobierno en concreto, además de estar presentes esas condiciones -como estuvieron presentes en 1999, cuando se postergaron, por razones electorales, decisiones fiscales y de tipo de cambio que no se deberían haber postergado-, tenemos una convivencia compleja en el interior de la conducción económica, lo cual es público y notorio.

Nuestra lectura, ayudada por nuestros colegas de Cifra con los cuales en los últimos días compartimos una reunión en la firma, es que esta convivencia compleja de visiones distintas en el Frente Amplio hace que la conducción del presidente tenga que ser en zigzag: contentar por un rato a unos, por un rato a otros.

Eso hace que las condiciones de estabilización (…) sean muy poco probables, porque no cuentan con el soporte político necesario al interior del gobierno.

Por lo tanto creemos que el gobierno probablemente no empeore de manera dramática el resultado fiscal y consolide un déficit fiscal del orden del 3, del 3 y algo por ciento, pero no tomará medidas alineadas a la contracción del gasto.

Tampoco esperamos que tome medidas muy proactivas en materia de gestión de los salarios, para moderarlos o introducir acuerdos con indexaciones diferentes a las que hoy están previstas en las discusiones salariales, porque el gobierno procurará evitar que parte del ajuste repose en los salarios.

Más bien creemos que ni la política salarial ni la política fiscal van a mudarse hacia un rol más proactivo, tratando de ayudar a un aterrizaje más suave. Va a seguir sola la política monetaria, peleando para que la inflación no pase del 9 con intervenciones heterodoxas en el sistema de precios, como ser acuerdos de precios con el sector privado, diferir ajustes de precios, aumento de encajes marginales o de los encajes de los bancos, para constreñir el crédito. Toda una balería de medidas que lo que hacen es evitar

Que la inflación se mueva mucho más allá del 8, 8,5 o 9% como límite superior, pero postergando el ajuste de tondo, todo lo cual va a implicar -para que este equilibrio se mantenga en ausencia de un ajuste fiscal, o de una contracción fiscal, y de una moderación salarial- que el tipo de cambio se aprecie, todavía, un poco más. (…).

-¿Cuáles serían las medidas más inmediatas, en una gestión proactiva ante este escenario probable?

-La más inmediata es apuntar a una Rendición de Cuentas muy prudente. Supondría, en primer lugar, diferir definitivamente las rebajas impositivas que está previsto realizar, que yo creo que no se van a realizar. En segundo lugar, intentar atacar algunos ámbitos de gasto que creemos que han estado evolucionando muy por encima de lo esperado, básicamente en algunos rubros de transferencias asociados a políticas sociales y en algunos rubros asociados a temas de salud. Hay que estudiar al detalle en qué y cómo se está gastando, y qué medidas minimizan los efectos del aumento del gasto.

Eventualmente, se puede llegar a la conclusión de que no puede haber recortes por ese lado, lo cual podría suponer tener que tocar algún impuesto al alza, con una mirada amplia: qué parte de impuestos al consumo y qué parte de impuestos sobre los ingresos se podrían tocar, teniendo muy en cuenta las potenciales recaudaciones de nuestros impuestos. Porque el gobierno tiene un agujero del 3% de déficit fiscal… pongamos que tiene un agujero de 2%, cuando uno lo corrige por factores transitorios. Un agujero de entre 600 y 800 millones de dólares no se arregla con iniciativas como la del aumento del IRAE para las empresas…

-Se habla de aplicarlo sólo a las que tengan ganancias extraordinarias, pero no está claro qué ganancias se consideran extraordinarias.

-Algunas estimaciones me han permitido concluir que, en ningún caso, se superan los 70 millones de dólares de recaudación. Ni con modificaciones al Impuesto al Patrimonio para sustituir al ICIR, (…) que tampoco nos da mucho más allá de 60, 70 millones de dólares. Si se quiere cerrar el agujero fiscal por vía impositiva, debe ser un paquete de otra envergadura, (…).

¿Otras medidas? Lo siguiente es tratar de sentarse en los Consejos de Salarios (…) con un compromiso muy claro respecto de cuál es la inflación esperada y corregir los mecanismos de indexación que hoy están alojados en el IPC, que deberían ser volcados (…), por ejemplo, a una inflación tendencial que quita inercia, porque no recoge los procesos transitorios de impulso de precios.

Con esas medidas, a las que habría que agregar políticas como las que se han desplegado en materia de contracción monetaria y de contracción del crédito (…), se tendría  un  paquete  más consistente para intentar que la brecha fiscal se aproxime más al equilibrio presupuestal, que los salarios tuvieran una variación nula en términos reales -que no ganen salario adicionalmente, ni pierdan, por lo menos por ahora-, y esperar a ver qué pasa.

Como ya dije, no creo que se adopten esas medidas (…). Nos espera un aterrizaje más forzoso del que deberíamos. Probablemente eso no ocurra en 2014, porque en el año electoral van a estar todos los incentivos puestos para diferir esto. Más bien se va a ver en el 2015, a no ser que haya un evento antes, un descalabro muy fuerte de Argentina, o un desparramo del crecimiento brasileño, o un evento global que precipite situaciones.

Por ahora, Uruguay no exhibe ningún desequilibrio macroeconómico significativo, porque el déficit fiscal de 3% del PBI no es algo dramático. Es algo malo, pero no es dramático, dado el nivel de reservas que el país tiene, el acceso a los mercados internacionales que el país tiene y la estructura de deuda que el país tiene, bastante bien diversificada en plazos y en moneda. (…).

Patología

“El problema de Uruguay (…) es que no progresa a largo plazo, crece muy poco. Entonces, la política macroeconómica, si alguna patología tiene que atacar a largo plazo, es la generación de riqueza”, afirmó Gabriel Oddone.

Puntualizó que, en los indicadores socioeconómicos -por ejemplo, esperanza de vida al nacer, mortalidad infantil, nivel de pobreza, nivel de pobreza extrema, distribución del ingreso, comparando con los demás países latinoamericanos, “Uruguay sale bien parado”, porque “siempre está primero o segundo”

En cambio, si se observan indicadores de inversión o de crecimiento económico, resulta  ser “el peor de ellos”, subrayo.

“La enfermedad de Uruguay es el bajo crecimiento a largo plazo’ de la economía, diagnosticó el técnico que integra la firma CPA Ferrere y la entidad de investigación CINVE.

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