Entrevista en En Perspectiva – Radio Espectador

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Para el economista Gabriel Oddone, de la consultora CPA Ferrere, Uruguay se encamina hacia un “cambio de ciclo” económico que lo llevará “desde una fase de mucha aceleración a una de menor crecimiento”. Para enfrentar ese escenario, el economista entiende que el Gobierno debería introducir políticas de shock sobre las pautas salariales y sobre el gasto público. En diálogo con En Perspectiva, Oddone profundizó en las razones para pronosticar esta desaceleración y aclaró que de momento no hay elementos que indiquen “que hay algo dramático por venir”. “En ningún caso es una situación de crisis o de emergencia”, pero sí es “un escenario de desaceleración abrupta” que “nos encuentra con un escenario de precios muy complejo”. El economista consideró que el Gobierno debe “procesar un abaratamiento de precios” y “anticiparse para ser más proactivo” en la gestión fiscal y de ingresos, lo cual implica, entre otras cosas, “evitar expansiones adicionales de los salarios hacia delante”.

EMILIANO COTELO:
Uruguay se enfrenta al “fin de una era” a nivel económico internacional, por lo que en nuestro país habrá un “cambio” en el ciclo económico.

La advertencia fue formulada por el economista Gabriel Oddone en dos conferencias que ofreció la semana pasada. Según Oddone, el final de esta etapa de la economía global –que se caracterizaba por precios de materias primas en máximos históricos, tasas de interés bajas y dólar debilitado– no va a implicar una crisis para nuestro país, pero sí tasas de crecimiento sensiblemente inferiores a las de los últimos años. Oddone entiende que para enfrentar ese escenario el Gobierno debería introducir políticas de shock sobre las pautas salariales y sobre el gasto público.

El sábado, durante su presencia en la Expoactiva, el presidente José Mujica fue consultado a propósito de estos comentarios. Esto fue lo que dijo:

“Nosotros estamos infestados de economistas, abogados y escribanos. Pero Oddone no se subió en un arado ni en pedo. Es muy importante darle pelota, pero si caemos en que va a haber esto y el otro, ya nos rendimos de entrada, y ya estamos fritos y nos entregamos. Yo que sé… Es probable que tengamos alguna dificultad. Siempre ha habido temporales”.

La entrevista que ahora iniciamos con el doctor Gabriel Oddone fue combinada el viernes, o sea, 24 horas antes de estas declaraciones de Mujica. De todos modos, esa reacción presidencial, de disgusto o de aceptación, hay interpretaciones distintas, le agrega otro factor de interés a esta conversación.

En las últimas charlas usted ha señalado que Uruguay no se acerca a una crisis económica, pero sí a un cambio de ciclo económico. ¿Podemos explicar un poco mejor esto, en qué consiste este cambio?

GABRIEL ODDONE:
Como todos sabemos, Uruguay viene atravesando una fase muy expansiva aproximadamente desde 2003. Esa fase expansiva tiene factores más o menos permanentes, básicamente asentados en un escenario internacional que mejoró y seguramente mejoró por un período prolongado (la demanda de alimentos de países como China e India ponen los precios que Uruguay exporta en un punto muy alto), y que también son reflejo de la cosecha que Uruguay hizo de una buena gestión de la crisis, y de todos los planes de estabilización realizados en la década del 90 que lograron transformar la economía en una economía más sólida, más abierta al mundo y con mayores fundamentos para crecer a largo plazo.

Pero sobre eso también se agregó una etapa de expansión cíclica. Entonces no solamente se habría acelerado la tendencia de crecimiento de largo plazo de la economía uruguaya, sino que además hemos estado creciendo en los últimos años, al menos hasta 2011, bastante por encima de esa tendencia aún mayor, a un promedio de 6% anual, aproximadamente.

La idea que estamos manejando –no solamente yo, sino muchos otros colegas– es que la economía internacional está llegando a la finalización de una era, una era que estuvo caracterizada por una abundante liquidez, tasas de interés muy bajas, dólar barato y, en la medida en que el dólar es la unidad de cuenta en la que se transan los precios internacionales relevantes para Uruguay, también precios muy altos no solamente por fundamentos genuinos de la demanda de China e India de los precios de los alimentos, sino también porque el dólar valía poco.

La razón por la que esa era está llegando a su fin es que hay varias señales en Estados Unidos de que la economía estaría empezando a reaccionar positivamente. Esas señales, que muestran indicadores de mercado relevantes, como el mercado de trabajo, el mercado de vivienda, indicadores del mercado financiero o de activos, que muestran recuperación de precios, suponen que las políticas monetarias muy expansivas deberían empezar a ser recogidas antes de lo que pensábamos todos. No va a ser el mes que viene, pero seguramente no sea en el segundo semestre del año 2014, como pensábamos hasta hace poco, sino más bien antes.

A ese escenario se suma que Brasil y Argentina en el último año y medio se han abaratado con relación a Uruguay, han enlentecido sustancialmente su ritmo de crecimiento. Argentina prácticamente no crece y Brasil tuvo un año 2012 decepcionante, y hay que ver si ese 3% del que todo el mundo habla efectivamente se va a materializar. Esto se suma a este escenario de menor viento de cola.

Todo esto nos lleva a que Uruguay va a transitar de una fase de mucha expansión, una expansión por encima de su tendencia, a una fase más moderada. Todavía no se avizora una contracción cíclica ni mucho menos una reversión del evento positivo, pero sí una fase de desaceleración.

EC – Usted enfatiza que lo que se viene no es un cambio dramático.

GO – No, en principio no tenemos ningún elemento para pensar que hay algo dramático por venir. En el escenario que estamos imaginando hoy, de un Brasil que crece aunque lentamente y una Argentina que se estanca y se desordena financieramente pero no ingresa en un proceso de convulsión económica, Uruguay va a desacelerar su crecimiento, tiene que procesar un abaratamiento de precios. La desaceleración es funcional a ese escenario de abaratamiento de precios, hoy estamos muy caros, y de hecho no sé si está confirmada una noticia que recogí en Twitter el fin de semana de un periodista que manifestaba que el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) había declarado que el crecimiento del año 2012 estaría entre 3 y 3,5%.

EC – Efectivamente, dábamos la noticia más temprano; Romina.

ROMINA ANDRIOLI:
Sí, Mario Bergara lo comentó en una conferencia del BID en Panamá.

GO – El 27 de marzo vamos a conocer el dato del Producto Bruto Interno (PBI), no lo conocemos, pero si el presidente del BCU, que es el órgano responsable de las estadísticas económicas, lo manifiesta así, quiere decir que ese es un crecimiento probable del año. Por lo tanto estamos ante una efectiva desaceleración importante de la economía ya en 2012, porque hasta hace unas horas todos estábamos asumiendo que el año pasado habríamos crecido 4%. Haber crecido entre 3 y 3,5% da un cuarto trimestre muy malo y nos deja un efecto arrastre para 2013 ya más preocupante.
Insisto, asumimos que en el 2013 la economía va a crecer probablemente por encima del 3, hay que ver todavía el piso de crecimiento del 2012, pero hay dos factores claves para asumir esto: el inicio de las operaciones de Montes del Plata y que este vamos a tener un régimen pluviométrico más normal y por lo tanto la generación de energía va a estar más asentada en energía hidráulica, lo cual tiene una sustancial mayor contribución al PIB que la generación por vía térmica.

EC – Lo que usted está señalando, cuando incluye el factor Montes del Plata y lo bueno que sería este año en materia de lluvias, es que en ese crecimiento que vamos a tener este año van a estar pesando dos factores muy puntuales.

GO – Totalmente transitorios, que desaparecen en el 2014 porque tienen efecto por una sola vez. Por lo tanto, si efectivamente el dato de 2012 es el que insinuó el presidente del BCU, nuestro crecimiento del 2013 –es un análisis muy preliminar, simplemente lo conversamos con el equipo ayer domingo– estaría más cercano al 2,5% del año que viene en condiciones normales, y aun asumiendo que Argentina crece en el orden del 2% y Brasil en el orden del 3%. Si tuviéramos cualquier mala noticia adicional sobre nuestros socios comerciales regionales, Uruguay el año que viene tendría una desaceleración bastante más abrupta de la que hasta ahora venimos viendo. Pero, insisto, tenemos algunos indicadores para medir algunas actividades comerciales muy específicas que nos daban un dato muy extraño para el cuarto trimestre del 2012, todo lo cual configura un escenario de desaceleración. En ningún caso de crisis, en ningún caso una situación de emergencia ni mucho menos, pero un escenario de desaceleración abrupta que llama la atención, porque además nos encuentra con un escenario de precios muy complejo.

EC – Hablemos más en detalle de cómo está la economía uruguaya en este momento. Por ejemplo, hace meses que usted viene diciendo que la economía uruguaya se mueve a tres velocidades. ¿De qué se trata?

GO – Desde mediados del año pasado venimos sosteniendo que percibimos tres tipos de actividades bien diferentes. El primer grupo comprende las actividades fuertemente ligadas a la economía internacional, por ejemplo las industrias de la celulosa, la industria frigorífica, todas las actividades agrícolas, que si bien enfrentaban una rentabilidad menor, enfrentaban un escenario de actividad y de precios muy favorable a nivel internacional que suponía que seguían creciendo, y ahí las exportaciones de productos de origen agroindustrial muy firmemente creciendo.

El segundo grupo de actividades son las fuertemente orientadas a la región, básicamente industria manufacturera. Cuando depuramos el índice de volumen físico y la industria manufacturera de actividades que están ligadas al exterior, como los frigoríficos, la celulosa, las actividades vinculadas a la planta de producción de Pepsi en Colonia, nos encontramos con que la industria manufacturera está prácticamente estancada, incluso hubo una caída importante en el último trimestre. O sea que todo lo que es actividad industrial con orientación regional no solamente no está creciendo, sino que está incluso contrayéndose.

Y finalmente una actividad que es la típicamente mercadointernista. Todavía no tenemos el dato de consumo de 2012, pero lo aproximábamos por el dato del empleo. Si bien el empleo no presentaba más que algunos eventos transitorios como el del año pasado de setiembre, mostraba un cierto enfriamiento de la demanda, entre otras cosas porque la economía, al menos desde el punto de vista del mercado interno, no venía creciendo. El dato de empleo de enero nos muestra otra vez –hay que tener precaución con los datos de empleo porque son muy volátiles– una contracción, por lo cual creemos que el mercado interno no está contrayéndose ni mucho menos, pero también habría alcanzado un tope.

O sea que tendríamos una típica situación en la cual las actividades fuertemente orientadas al mercado internacional estarían muy dinámicas, las orientadas a la región estarían con severas dificultades básicamente por razones de competitividad, de proteccionismo emergente y de enfriamiento de esas economías, y el mercado interno todavía estaría acompañando. En la industria manufacturera, que es intensa en su inserción regional y también en términos de empleo, ya en setiembre del año pasado insinuamos que podía haber un contagio, que la industria manufacturera, que se encontraba con márgenes muy estrechos de maniobra por los problemas de rentabilidad y de actividad, iba a terminar usando el empleo como variable de ajuste y que eso tarde o temprano iba a afectar al mercado interno. Por estas razones presumíamos que ya en 2013 iba a quedar una economía en una situación de tres velocidades: una muy dinámica orientada al exterior y dos más afectadas, la orientada a la región y la orientada al mercado interno.

EC – Para completar el cuadro, ¿cómo estamos en lo macro?

GO – Desde el punto de vista de las vulnerabilidades de la economía, Uruguay está en una situación sólida. Más allá del deterioro fiscal que tuvimos en 2012 y de que el sistema de precios registra desequilibrios que deben ser corregidos, cuando uno mira la fotografía de Uruguay y la compara con la historia del país, tenemos una situación relativamente sólida, aunque, como siempre en un país pequeño, frágil y expuesta a la situación internacional. Tenemos una situación de deuda pública muy manejable, por sus vencimientos y por su composición en monedas, una cuenta corriente que se ha deteriorado mucho –un 4% del producto es de déficit– pero por ahora la inversión extranjera la financia o la explica en una buena parte, por lo tanto hasta ahora no era un factor de preocupación.

Básicamente nuestro foco y el de la mayoría de los colegas en los últimos meses estuvo puesto en dos cosas: el deterioro rápido y pronunciado de la situación fiscal corriente, o sea, el resultado fiscal de 2012, que pasó de un equilibrio presupuestal global a un déficit de 2,6, 2,7 del producto –según los datos cerrados a enero es de 2,7 en 12 meses–, y nuestro sistema de precios, que ya lleva más de dos años fuera del rango establecido como límite superior por el BCU, que es el 6%, y además peligrosamente acercándose al 9%, que es donde las señales de alarma se prenden. Esto obliga al BCU, que ha estado un poco solo en la pelea por el tema inflacionario, a actuar con cierta vigorosidad, todo lo cual conduce a una apreciación nominal del tipo de cambio, lo que hace que Uruguay notoriamente –en una muestra de países bastante grande– sea el país que más apreció su moneda en los últimos tiempos y que tiene la tasa de interés de política monetaria más alta de la región, lo cual induce más ingreso de capitales, más presión sobre el tipo de cambio.

EC – Déficit fiscal relativamente alto, inflación relativamente alta, tipo de cambio demasiado bajo. ¿En qué nivel de gravedad ubica esos tres indicadores? Más temprano decía que no era un panorama demasiado complejo. ¿Cómo es el análisis entonces?

GO – Si el escenario internacional no se vuelve francamente adverso –y en principio no debería volverse francamente adverso–, el escenario que tenemos no es dramático, pero es preocupante. Si uno toma el año 98, este escenario no es tan diferente: tenemos un déficit fiscal importante, una apreciación de nuestro tipo de cambio (estamos muy caros en dólares, 20% caros en dólares respecto a Brasil y respecto a nuestra historia, 40% caros respecto a Estados Unidos, el índice más alejado de lo que sería un equilibrio de largo plazo desde 1928, 1929) y una inflación elevada. O sea que tenemos una situación que se insinúa compleja respecto de nuestra historia reciente.

EC – ¿Por qué compara con el año 1998?

GO – Porque fue el último año bueno que se produjo antes de que la economía ingresara en una fase abrupta de desaceleración e incluso de enormes dificultades. No estamos diciendo ni mucho menos que el Uruguay se parece al de ese momento, porque hoy el país está mucho mejor.

EC – En el 99 vino la devaluación de Brasil.

GO – En el 99 vino la devaluación de Brasil. En el 2011 Brasil aceleró su tipo de cambio de 1,60, 1,70 a casi 2,10; no es el mismo orden de magnitud, pero en los últimos 18 meses Brasil deslizó su tipo de cambio de una manera mucho más intensa que Uruguay; Uruguay hizo exactamente al contrario. Lo que queremos decir es que el margen de maniobra para la política macroeconómica hoy es estrecho y tiene un problema inflacionario, pero tiene un número insuficiente de instrumentos para atacar el problema de la inflación. La política monetaria está sola combatiendo el problema, eso genera apreciación cambiaria; el desvío fiscal es mayor de lo que todos esperábamos, incluso –esto es importante– es mayor de lo que el propio Gobierno pensaba en junio del año pasado. En junio del año pasado el Gobierno presentó la rendición de cuentas al Parlamento considerando un resultado fiscal negativo de 1,8% del producto, y seis meses después se encuentra con que el desvío era mayor. Y esto no fue por razones energéticas, porque en junio del 2012 el Gobierno tenía totalmente claro que tenía un problema de generación de energía en el sector hidráulico.

EC – ¿Cómo se entiende este desajuste? Se lo pregunto porque el ministro de Economía Fernando Lorenzo y su equipo siempre fueron vistos como técnicos solventes y respetados. ¿Cómo se entiende que, en un contexto tan favorable como el que hemos tenido hasta ahora, en un solo año a Lorenzo se le hayan escapado de las manos estas tres variables que veníamos comentado: déficit fiscal, inflación, tipo de cambio?

GO – Si bien están las tres relacionadas, hagamos el análisis por separado. Con respecto a la situación fiscal, en la rendición de cuentas de junio de 2012 el Gobierno ya preveía un deterioro fiscal del orden del 1,8% del producto, pero el desvío fue mayor del esperado. Parece que el Gobierno fue relativamente optimista en la recaudación de la DGI esperada, y en segundo lugar parece que el Gobierno subestimó la expansión del gasto. Hasta hace 48 horas, 32 horas, creíamos que el Gobierno había sobreestimado la recaudación de la DGI porque esperaba ganancias de eficiencia de la institución recaudatoria que notoriamente empiezan a dejar de tener lugar cuando pasan unos cuantos años. Pero cuando conocemos el dato del producto, que el presidente del BCU habla de 3 a 3,5%, creemos que esa menor recaudación esperada tiene que ver con que la economía creció menos de lo que todos esperábamos. O sea que ahí podría haber un efecto de sobreestimación de la desaceleración que veníamos comentando.

EC – ¿Qué explicación hay para el aumento extraordinario del gasto?

GO – Es un aumento de algo más de medio punto del producto respecto a lo que esperaba el Gobierno. Ahí entramos en un terreno bastante más difícil de conjeturar. Mi conjetura –estrictamente nuestra, de nuestro equipo– es que el escenario de clima interno del Gobierno de los últimos meses provocó una suerte de relajamiento de la capacidad de control del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sobre los ejecutores de gasto, en particular en aquellos ámbitos donde hay cierta autonomía, y que este relajamiento supuso una subestimación del desvío de gasto. Si fuera cierta nuestra conjetura –no tenemos ningún elemento para poner sobre la mesa como un hecho evidente– sería un tema a considerar, porque esto se podría prolongar en el tiempo, dado que –endentemos– el clima interno en el Gobierno en cuanto a la convivencia de las fuerzas que allí están está al menos fragilizado.

EC – Esa es una explicación a propósito de por qué se le fue de las manos al equipo económico una de las variables.

GO – Alguien podría también decir que el equipo económico preveía –y de hecho así lo ha hecho en defensas públicas tanto el director de la Asesoría Macroeconómica, Andrés Masoller, como el propio ministro de Economía, Fernando Lorenzo– una expansión del gasto, y que estaban detrás de esa expansión del gasto, entre otras cosas, porque estaban atendiendo problemas de equidad y de distribución del ingreso. Dicho en otras palabras, con relación al resultado fiscal hay una combinación de tres cosas: se sobreestimó la recaudación por la DGI, capaz que por una subestimación de la desaceleración; en segundo lugar, hay un aparente problema de subestimación de la expansión del gasto, probablemente derivado de estos pequeños problemas, y también es manifiesto que todo el Gobierno –ahí sí, ya no solo estos problemas internos– estaba detrás de una política fiscal más orientada al problema de distribuir el ingreso o mejorar la equidad que a problemas de estabilidad macroeconómica. Eso también puede ser parte de lo que estamos viendo.

Respecto de los otros temas, en una economía que atravesó una fase tan acelerada como la que hemos visto en los últimos años, en la que hemos tenido un crecimiento tan por encima de la tendencia, con una tasa de desempleo prácticamente cero, es normal, es de libro de texto, que las tensiones inflacionarias hayan emergido de manera importante.

EC – Pero ha habido alertas durante meses y meses del sector de los economistas, de las consultoras, había advertencias en ese sentido.

GO – Por supuesto, todos los colegas veníamos advirtiendo que había un desvío en materia inflacionaria que debía ser atacado con una mayor coordinación de las políticas fiscal, monetaria y salarial. La política fiscal se dedicó a otra cosa, no estuvo alineada con la estabilidad macroeconómica, por lo que estábamos diciendo, y además hubo algunos temas de subestimaciones o sobreestimaciones.

La política salarial claramente no estuvo orientada en los últimos meses a atacar el problema de la formación de precios. Hasta hace unos meses veíamos al ministro de Trabajo [Eduardo Brenta] afirmar públicamente que los salarios no tenían consecuencias significativas sobre los precios. Los salarios han estado creciendo por encima de la productividad por un período muy prolongado, en términos reales han estado creciendo de una manera muy prolongada, y en Uruguay los salarios forman parte del corazón del sistema de precios, por tanto eso ha provocado una propagación de los precios. A eso le sumamos dos o tres shocks de precios que han tenido lugar, en algunos casos por precios internacionales, en otros casos por restricciones de oferta locales, y tenemos un escenario en el cual la inflación está desviada.

Lo normal habría sido, si las autoridades tenían una meta del 4 a 6%, que este escenario extraordinario de precios con tan alto crecimiento hubiera supuesto un desvío, pero en el entorno de uno, dos puntos porcentuales de la tasa esperada. El problema es que en este momento estamos en torno a tres puntos arriba del rango meta máximo, y todos creíamos –esto era parte del problema– que las autoridades estaban cómodas con una inflación del orden del 7%. Pero bastó que hubiera dos o tres eventos transitorios e inesperados para que la inflación se pusiera en 9, cuando el Gobierno debería haber apuntado de manera más consistente desde hace bastante más tiempo a una inflación de 5.

Ahora, con todos los problemas sobre la mesa, cuando uno tiene un número insuficiente de instrumentos y tiene que atacar el problema de la inflación, se ataca con todas las baterías de medidas que hay, algunas de las cuales son de uso transitorio, solamente para atacar el nivel de precios, como los acuerdos de precios, diferir el ajuste de tarifas y demás. Todo lo cual dice que la situación macroeconómica está fragilizada respecto de hace cuatro o cinco años. Lo que teníamos era una situación muy sólida, básicamente porque teníamos un ancla fiscal que era el corazón del sistema macroeconómico, pero eso se fragilizó, los precios se desviaron y ahora tenemos que actuar para poner los precios en un orden razonable.

***

EC – En Uruguay “no hay una crisis por venir, pero hay claramente un evento de cambio de ciclo, porque nuestro país está transitando de una fase de mucha aceleración a una de menor crecimiento”.

El análisis pertenece al economista Gabriel Oddone, que habla del fin de una era a nivel económico internacional que se caracterizó por precios récords de commodities, tasas de interés por el piso y un dólar debilitado.

Con el economista Oddone estamos conversando esta mañana en En Perspectiva.

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EC – Usted describía recién cómo está la economía de nuestro país para plantarse frente a ese nuevo ciclo. Y aparecen una serie de debilidades: la situación en materia de inflación, el déficit fiscal, el tipo de cambio. ¿Qué es lo que se puede hacer? ¿Qué se debería hacer para reencauzar esas tres variables?

GO – De lo que se trata aquí es de evitar que el aterrizaje de la economía sea un aterrizaje forzoso, como se suele decir en la jerga. O sea, Uruguay va a pasar de una fase de crecimiento acelerado a una fase de crecimiento más moderado, es probable que en esa transición haya en algún momento, no en 2013, probablemente tampoco en 2014, pero una breve etapa recesiva. Se trata de que la política trate de seguir de cerca los eventuales desequilibrios para que esa transición sea lo más ordenada posible, y por lo tanto a veces la política tiene que ser más proactiva para anticiparse a los eventos.

EC – Usted habla concretamente de introducir políticas de shock sobre las pautas salariales y sobre la trayectoria fiscal.

GO – La palabra “shock” en Uruguay tiene varias connotaciones, pero básicamente lo que sugerimos, incluso antes de conocer el dato del producto del cuarto trimestre, es que Uruguay debe anticiparse para ser más proactivo en la gestión fiscal y en la gestión de ingresos. Lo ideal sería que ese desvío del orden de 2,6, 2,7 del resultado fiscal se convirtiera en 0 lo antes posible, pero eso supone un ajuste fiscal o una corrección fiscal de casi 800 millones de dólares en un período muy corto, una cosa muy difícil de practicar.

EC – Tiene que hacerlo este año. Este no es un tema de la rendición de cuentas, porque la rendición de cuentas es para el gasto del año que viene.

GO – Correcto. Es impracticable una corrección de esa magnitud en este año y no es necesario hacerlo, porque si no, nos vamos al abismo.

EC – ¿Hay que reducir gastos este año? ¿Hay que bajar gasto público?

GO – Advertimos dos cosas, esencialmente. La primera, el presupuesto quinquenal, que ya rige y que por lo tanto la rendición de cuentas revisa a mitad de este año, tiene previsto para este año un crecimiento del orden de 4%. Por lo que acabamos de decir probablemente la economía crezca más cerca de 2,5 o 3 que de ese 4%. Entonces ahí hay que introducir una corrección inicial, porque el presupuesto que está rigiendo asume que la recaudación del 2013 va a ser mayor de lo que va a terminar siendo. Cuentas groseras que hemos hecho nos dan que tal vez será del orden de los 200 millones de dólares. Esa debería ser una corrección importante.

Respecto del crecimiento esperado del gasto para el 2014, el Gobierno debería estar pensando que va a ser entre 100 y 200 millones de dólares menor. Lo ideal sería que tuviéramos crecimiento 0 para este año, pero en ningún caso deberíamos ver un crecimiento superior a los 200 millones de dólares, porque ingresaríamos no en consolidar este déficit fiscal de 2,6, sino que iríamos a un déficit fiscal mayor hacia delante.

EC – ¿Usted habla de crecimiento 0 del gasto este año?

GO – Sí, con relación a la corrección que se introduce para el año que viene. El presupuesto de este año está rigiendo, estamos hablando de la rendición de cuentas para el año 2014.

EC – En el presupuesto de este año se puede gastar menos.

GO – En el presupuesto de este año se puede gastar menos, siempre y cuando el MEF arbitre con sus organismos alguna política o algún acuerdo para el gasto corriente, que es el más fácil de recortar a corto plazo, porque en el caso de los salarios y las pasividades es más difícil y en las inversiones es más inconveniente.

Cuando hablamos de una política de shock nos referimos a que si queremos efectivamente evitar un ajuste real de la economía sustantivo hacia 2015 deberíamos estar actuando proactivamente fiscalmente hoy. El óptimo sería tratar de corregir hacia 2014 el desvío fiscal que tenemos, lo cual supondría introducir un ajuste del orden de los 600, 800 millones de dólares. Creemos que no hay condiciones políticas para ejecutar ese óptimo, entonces deberíamos por lo menos evitar expandir el gasto como está previsto en el presupuesto original del 2010, y por lo tanto ingresar en una corrección que no supusiera una mayor expansión del gasto corriente de cara al 2014 e introducir correctivos todo lo que fuera posible sobre este año.

EC – ¿Y por el lado salarial? Porque tengo varios mensajes de oyentes que se quejan de eso: “¿Otra vez la variable es el ajuste de salarios?”.

GO – Esta es una discusión bien importante, hay que tomársela con mucha calma y tratar de sacarle la aureola subjetiva. El salario real ha estado creciendo de forma acelerada en los últimos años, reflejando dos cosas: la falta de disponibilidad de mano de obra y unas políticas activas del Gobierno para recuperar salario. Ha estado creciendo en forma ininterrumpida 4% anual prácticamente desde el 2005, lo que supuso la recuperación del poder adquisitivo en el promedio de los valores previos a la crisis, y además ha estado creciendo por encima de la productividad. Por lo tanto, decimos que sería importante, sería bueno, dado que los salarios son tan importantes en el sistema de precios de Uruguay, que no tuvieran hacia delante una expansión adicional. Cualquier expansión significativa adicional del salario, que perfectamente puede tener lugar –es más, el propio mercado de trabajo en las condiciones en que está hoy lo convalidaría, porque todavía hay una ausencia de mano de obra a corto plazo–, va a terminar traduciéndose en un escenario más recesivo, en un escenario de desaceleración económica, con más desempleo, como aquel al que seguramente nos vamos a aproximar hacia 2015 con una corrección más abrupta.

Dicho en otras palabras, estamos parados en un pretil, sabemos que de ese pretil nos tenemos que bajar y hay dos opciones para bajar: o esperar parados allí e intentar subir algún peldaño adicional sabiendo que después tenemos que caernos eventualmente a un espacio vacío donde hay poca contención, o podemos intentar hacerlo desde ahora. ¿Cómo hacerlo desde ahora? ¿Bajando el salario real? En absoluto, no estamos hablando de tirar abajo los salarios, estamos hablando simplemente de evitar expansiones adicionales del salario hacia delante.

EC – Claro, pero lo que pregunta la audiencia es si no hay otras variables, si no hay otros costos que se puedan corregir.

GO – Uruguay tomó la decisión política de tener en los salarios, que es una variable clave, un mecanismo de coordinación política. Los consejos de salarios son un mecanismo para coordinar entre las partes y el Gobierno la forma en que evolucionan los ingresos, es una decisión política que tomó el gobierno del Frente Amplio (FA) en 2005. Dado que eso es un instrumento que está disponible y que los salarios son un precio muy importante, tenemos un mecanismo de negociación –como prácticamente en ningún otro caso– para intervenir en el sistema salarial. ¿Eso quiere decir ajustar a la baja los salarios? Insisto con esto, no estamos diciendo eso.

EC – No, pero le preguntan, por ejemplo: “¿Y la tasa de ganancia de las empresas nunca se toca?”.

GO – Les preguntaría a las personas que dicen eso cómo se hace, qué quiere decir “tocar la tasa de ganancia”. La única forma que conozco de tocar la tasa de ganancia es regular precios. ¿Vamos a un sistema de precios controlados?, ¿a eso vamos? Perfectamente, eso se puede hacer. En general en el mundo los sistemas de control de precios han fracasado en forma estrepitosa, aun en Uruguay, por lo tanto en general va a haber pocos economistas –no digo que no existan– dispuestos a ingresar a una situación de ese tipo. Es más, si no tuviéramos consejos de salarios, si no tuviéramos una política de ingresos definida, no estaríamos discutiendo sobre esto, porque esto sería muy difícil de coordinar a nivel general. Esto es porque hay un instrumento, e insisto, no estamos diciendo cortar los salarios, cuando ponemos sobre la mesa el tema de que hay que actuar sobre la política de ingresos, cuando decimos que hay que alinearla, lo único que estamos diciendo es que hay que evitar que los salarios reales crezcan de forma espuria por un período prolongado más, porque el ajuste que se va a terminar procesando sobre esos salarios, como ya saben los uruguayos, va a ser mucho mayor si se desvían de su nivel de equilibrio de largo plazo.

EC – Usted señalaba en estas disertaciones que ha dado que estos ajustes necesarios (los que acaba de mencionar) no se van a llevar a cabo debido a problemas de economía política. ¿Qué es eso?

GO – Como claramente se pone de manifiesto en esta conversación, estos son temas controversiales, son temas polémicos, y por lo tanto requieren de mucha claridad respecto de objetivos, mucha claridad respecto del manejo de instrumentos y mucho consenso para implementarlos, porque generan resistencias. No estoy planteando que el ajuste de precios suponga rebajar salarios, sino evitar que los salarios se propaguen hacia delante. Por ejemplo, ¿qué pasa si el Gobierno logra acordar con las partes evitar los mecanismos de indexación automática hacia adelante? ¿Qué pasa si evitamos estos mecanismos de corrección automática de inflación esperada respecto de inflación registrada, y simplemente hacemos los acuerdos salarios por un período más corto, nos comprometemos con un nivel de precios mucho más bajo y con una acción mucho más firme de las autoridades, y en un año, cuando tengamos el resultado de la inflación esperada y la inflación registrada, volvemos a discutir? El mecanismo automático de corrección lo único que hace es mostrar que los sindicatos, con razón, con toda la razón del mundo, no creen en la meta inflacionaria establecida por las autoridades.

EC – Pero usted dice que esas medidas no se van a tomar.

GO – Creo que este segundo grupo de medidas, como por ejemplo discutir un desarmar el mecanismo de indexación automática, se podrían discutir. Creo también que un ataque del problema de forma integral –esto es, un ajuste fiscal importante para evitar un desequilibrio en 2015, más una discusión clara y sincera a nivel salarial– a nivel de los ámbitos correspondientes difícilmente tenga lugar.

EC – ¿Eso quiere decir que el FA le va a entregar quizás al propio FA –porque hay una alta chance de que el próximo gobierno también sea del FA– una economía deteriorada, una “herencia maldita”?

GO – No estamos hablando de una “herencia maldita” en el sentido de las magnitudes involucradas. Segundo, esa es la historia del Uruguay. La historia del Uruguay de 1920 a 2005 –está largamente documentado– muestra que los gobiernos hacen ciclo político de la política fiscal, y no está documentado para la política de ingresos –porque no hay un período tan prolongado de aplicación de esas políticas–, pero en general los gobiernos de todo el mundo, no solamente de Uruguay, suelen postergar decisiones, porque es muy difícil convencer a quienes revalidan sus cargos electoralmente, legítimamente por la vía electoral, de que es necesario introducir ajustes en los períodos en los cuales esas reválidas tienen lugar. Por lo tanto creemos que la economía política, la política económica, va a suponer que el gobierno no tiene condiciones políticas –pero no este gobierno, probablemente muchos de los estuvieran en su lugar no la tendrían– para introducir los correctivos que los niveles técnicos –sin introducir los elementos de economía política– estamos reclamando.

EC – Entonces es como hacerse un harakiri.

GO – No, porque la corrección igual tiene lugar, la corrección la va a hacer el próximo gobierno. Lo ideal sería que esa corrección fuera más suave y que ya se implementara durante este gobierno.

EC – Le deja al próximo hacerse cargo.

GO – Tal vez no, dirán algunos, como señalaban algunos políticos esta semana. ¿Qué pasa si no tenemos razón y estamos en un escenario en el que se extiende la debilidad del dólar, en el que Brasil pasa a crecer al 4%, en el que el tipo de cambio en Brasil pasa a ser 1,50? Si así fuera, todo lo que estamos proponiendo sería innecesario.

Y más, introduzco un elemento adicional para ver lo complejo que es este escenario: si los números del presidente del BCU se confirman la semana que viene, eso querría decir que la economía ya entró a desacelerarse más pronunciadamente de lo que pensábamos hace unos días. Algunas medidas de las que yo estoy insinuando, que eran razonadas en un crecimiento del 4%, pueden llegar a inducir un ajuste más profundo del que sería necesario a corto plazo, con lo cual hay que tener mucho cuidado, hay que calibrar muy bien en qué medida se mueve cada uno de los instrumentos.

El punto central acá, el resumen de esto es: Uruguay tiene que procesar un ajuste de precios relativos sí o sí, está muy caro en dólares, y eso genera problemas para la competitividad para el exportador y problemas para el que sustituye importaciones aquí. Esa corrección se va a dar, se va a dar más pronto o más tarde, de una manera más pronunciada o menos pronunciada, pero tenemos un desvío importante en términos de tipo de cambio real y tenemos una cuenta corriente negativa tal que cuando la inversión extranjera directa desaparezca nos va a dejar una cuenta corriente en 2 o 2,5 del producto, que es algo que tenemos que corregir.

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EC – ¿Cómo tomó las declaraciones del presidente de la República de este sábado en la Expoactiva? ¿Qué fue? ¿Un ataque o un elogio? Porque tuvo, parece, de las dos cosas.

GO – Sobre lo sustantivo, creo que el mensaje que el presidente trasmite es “parece que hay que prestar atención”, lo cual quiere decir que la gente que trabaja con él de cerca está comentando y discutiendo con él cosas de este tipo. No tengo dudas de que el presidente está alineado y que tiene la información suficiente para prever esto. Pero una cosa es tener la información suficiente para prever esto y otra es poder actuar por estos problemas de economía política que yo insinuaba.

EC – ¿Y lo otro, lo de que nunca se subió a un arado?

GO – Efectivamente es cierto, no sé ni andar a caballo.

EC – Pero ¿qué significa en el planteo del presidente?

GO – Sinceramente creo que solamente refleja algo que es realidad. Al menos en mi caso particular no lo he tomado como nada que no sea una constatación cierta, algo así como que es difícil poder dar consejos sobre el sector agropecuario si no se lo conoce en profundidad. Creo que ese es el mensaje que trasmite.

EC – ¿Un mensaje que les daba a quienes lo habían escuchado a usted en la Expoactiva unas horas antes?

GO – Probablemente, esa es su opinión. Yo no comparto esa visión, pero lo sustantivo, el mensaje con el que hay que quedarse, es que creo que es que él está al tanto y seguramente está revisando esto.

EC – ¿Usted se siente un hombre de izquierda, igual que Mujica?

GO – Yo soy un hombre que ha estado siempre votando a la izquierda, soy una persona que está fuera de la política y que por lo tanto no se dedica a la política, pero siempre he sido un votante de la izquierda.

EC – Pero más cerca de Lorenzo que de los economistas mujiquistas. Porque usted trabajó con Lorenzo en el Cinve (Centro de Investigaciones Económicas) durante años.

GO – Yo soy muy amigo de Fernando Lorenzo, a pesar de que él ha militado largamente en sectores en los que yo no he militado; mi origen de militancia hace muchos, muchos años es el Partido Socialista, al cual sigo afiliado y hacia el cual mantengo mis afectos, pero no necesariamente estoy más cerca políticamente porque no me dedico a la política. Más cerca por amistad, por supuesto, Fernando es una persona muy amiga mía. Pero acá lo importante –y este es un mensaje– es que no solamente yo, sino todas las personas que trabajan conmigo en mi firma, estamos preocupados por poner las cosas sobre la mesa y por anticiparnos. En este momento hay tres socios nuestros en el exterior trabajando por tratar de traer inversores, y esa es una virtud que tiene el Uruguay: las diferencias que existen en este país se manifiestan en el sistema electoral, pero grosso modo el barco es más o menos el mismo y estamos todos bastante tirando del mismo carro, en contraste con lo que ocurre en muchos países de América Latina.

 Acceda al video de la entrevista en el siguiente enlace:

http://www.espectador.com/noticias/260730/cambio-de-ciclo

 

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