Educación como restricción al crecimiento

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(Publicado en diario El Observador en edición de febrero 2008.)

Durante la segunda mitad del siglo XX el crecimiento económico de Uruguay fue comparativamente pobre. Entre 1956 y 2001 el crecimiento promedio del PIB fue apenas del 1,7% anual. El 74% de esta variación estuvo explicada por la acumulación de capital humano, lo que quiere decir que la educación ha tenido, al igual que en la mayoría de los países, un papel destacado en la explicación del desempeño económico de largo plazo de Uruguay .

A pesar de lo anterior, existen indicios de que al menos durante los últimos cuarenta años, Uruguay se ha rezagado respecto a muchos países en términos de educación. Por ejemplo, en 1960 el promedio de los años de educación de la población mayor de 25 años de Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, México, Venezuela, Paraguay, Portugal y España era de 2,8, en 2000 fue 5,9. En Uruguay el mismo indicador era en 1960 5 años, mientras que en 2000 fue 7,2 años. Ello quiere decir que si bien el promedio de los años de educación de los uruguayos mayores de 25 años aumentó entre 1960 y 2000 (un 44%), el de los países mencionados creció más del doble (113%). Esto es razonable ya que los niveles de educación de la población deberían crecer más rápido cuanto más bajo es el nivel educativo del que se parte. Sin embargo, es más difícil explicar porqué Chile, Argentina, Países Bajos, Francia, Austria, Bélgica, Suiza, Noruega, Finlandia y Japón que en 1960 tenían un promedio 6,1 años de educación de su población mayor de 25 años, registraron un crecimiento entre 1960 y 2000 superior al de Uruguay (50%).

El rasgo anterior parece ser más agudo cuando se considera exclusivamente la población con educación terciaria o superior. Mientras que Uruguay duplicó el número de habitantes con trece o más años de educación entre 1960 y 2000, Ecuador, Chile, y Paraguay lo multiplicaron por 9 y Argentina, España, Bélgica, Suecia y Finlandia lo hicieron por 5.

Así, el número de personas con educación formal que viven en Uruguay crece menos que entre sus socios y competidores, especialmente en los niveles superiores. Desde el punto de vista económico ello significa que Uruguay está perdiendo una ventaja competitiva, la cual parece haber sido la principal responsable del crecimiento durante el último medio siglo.

¿Qué explica el rezago educativo de Uruguay? Dos tipos de argumentos pueden utilizarse para responder esta pregunta. Primero, la emigración afecta predominantemente a jóvenes con niveles de educación medios y altos. Así, el sistema educativo uruguayo podría estar proveyendo las cantidades y los niveles de educación necesarios pero la economía no sería capaz de retenerlos. Segundo, la inversión en educación de Uruguay ha sido comparativamente baja, al menos durante los últimos treinta y cinco años. Entre 1970 y 2005, el gasto público en educación equivalió en promedio al 2,8% del PIB, un punto porcentual y medio menos del nivel promedio de América del Sur durante el mismo período . La escasez de recursos públicos destinados a la educación no puede ser justificada por la estructura envejecida de la población de Uruguay, puesto que continúa siendo comparativamente pequeña cuando se corrigen las cifras por las estructuras etarias de los países.

Los argumentos mencionados son difícilmente controvertibles, aunque su uso frecuente esconde dos problemas insoslayables. Primero, actuar desde las políticas públicas sobre el fenómeno migratorio no es fácil y, en la mejor de las hipótesis, sus efectos no son a corto plazo.

Segundo, atribuir a la escasa inversión la responsabilidad exclusiva del deterioro educativo probablemente es un exceso. La debilidad institucional del sistema de educación, la insuficiente dotación horaria de algunos programas, la inadecuación y escasa actualización de ciertos contenidos, el escaso grado de profesionalización de los cuerpos docentes, así como una limitada integración con sistemas educativos con estándares internacionales, son problemas que no han sido resueltos por las autoridades de la educación del período democrático. Si bien muchos de ellos derivan de una dotación de recursos insuficientes, no es menos cierto que no ha habido una agenda de transformaciones que, además de ser consistente en términos de objetivos e instrumentos y de ser económicamente sustentable, sea factible su implementación.

El cumplimiento del compromiso del gobierno de destinar el 4,5% del PIB en 2009 para la educación, contribuirá a enfrentar el problema de la inversión insuficiente. Sin embargo, para comenzar a revertir el rezago educativo se requiere algo más que dotar a las instituciones de educación de recursos suficientes. Hasta el momento, la agenda de transformaciones necesarias no parece estar diseñada, mucho menos definida su estrategia de implementación. Por sus efectos positivos para las oportunidades de las personas, la distribución del ingreso y el crecimiento económico del país, se requieren definiciones políticas que marquen un rumbo. Tiempo no es lo que sobra.

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