Argentina y su laberinto

¿Por qué el peso argentino se ha depreciado más que otras monedas latinoamericanas en las últimas semanas? Porque en Argentina hay, además de unas perspectivas internacionales menos favorables (tipos de interés recuperándose y dólar fortaleciéndose), desconfianza en que el gobierno logre recomponer ordenadamente los desequilibrios que le desafían. Esta desconfianza lleva a los argentinos, verdaderos expertos en la materia, a desprenderse aceleradamente de los pesos.


¿Cuáles son los desafíos para el gobierno? Primero, desmantelar de manera “creíble” para quienes toman decisiones económicas el complejo y denso andamiaje dirigista implementado por las administraciones kirchneristas, especialmente a partir de 2009. Segundo, hacerlo evitando erosionar el soporte político mínimo para garantizar estabilidad y gobernabilidad hasta las próximas elecciones en 2015. Tercero, y más difícil todavía, gestionar de manera eficaz en un período corto la tensión entre los desafíos mencionados. Por su impacto en el resultado fiscal, en el balance exterior y en el bienestar de los ciudadanos, los cambios en la política energética son, probablemente, la prioridad. El “sinceramiento” del IPC oficial, el abandono de las fijaciones compulsivas de precios de la canasta básica, o el ordenamiento del esquema de restricciones para el uso de divisas, son sólo algunos temas de la agenda.

¿Cómo interpretar el confuso anuncio sobre el “cepo cambiario” y las declaraciones oficiales contradictorias posteriores? El gobierno argentino está iniciando lentamente el “sinceramiento” de la conducción económica por un reconocimiento tácito de que el dirigismo extravagante que predominó hasta diciembre pasado está siendo sustituido por una gestión “heterodoxa” algo más respetuosa de los límites que la economía le impone a la acción política.  Sin embargo, en el proceso iniciado hay tensiones varias por los efectos sobre el soporte ciudadano que la transición supone (sincerar las tarifas públicas por ejemplo), por el escaso margen de maniobra que se tiene (las reservas internacionales son apenas USD 30.000 millones) y por el riesgo de aceleración de la inflación que la depreciación puede tener sin un ajuste fiscal que ancle las expectativas. Todo ello, afecta la actuación del gobierno que se muestra dubitativo, contradictorio y con dificultades para comunicar la consistencia entre los objetivos que persigue y los instrumentos a los que recurre. En este contexto, la depreciación del peso argentino de estas últimas horas parece lógica.

¿Hacia dónde va Argentina? Hacia la estanflación. Un término usado para describir la peculiar situación por la que puede atravesar una economía que está en recesión (o apenas crece) y que exhibe inflación elevada. A la incertidumbre que pesa sobre los países emergentes, en Argentina se agrega la desconfianza sobre la capacidad para gestionar la etapa del “sinceramiento”.  La falta de confianza se traducirá en menos inversión y búsqueda de refugio en el dólar. Lo primero limitará el crecimiento y lo segundo estimulará la inflación (ya cercana al 30% anual). Como la historia enseña, evitar la estanflación exige austeridad fiscal y disciplina monetaria. Ambas tienen efectos negativos a corto plazo sobre la popularidad del gobierno, razón por la cual difícilmente las autoridades recorran ese camino. Debido a ello, los próximos dos años en Argentina serán de más inestabilidad de precios, menos actividad y más conflictividad social y política. No será una implosión económica y  política como durante la crisis de 2001, pero puede anticipar un escenario similar a los de los años ochenta.

Artículo publicado en diario El País de España, en edición del 27 de enero de 2014.

1 Comment
  • DANIEL TIRADO
    febrero 5, 2014

    Gabriel, veo que aprendisteis algunas lecciones de Historia Económica!! Enhorabuena, buen artículo.

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