Argentina compra tiempo para poder sostener su modelo

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(Publicado en Espectador.com en edición de abril 2012.)

En diálogo con En Perspectiva, Gabriel Oddone opinó que el futuro del vecino país no se puede asegurar aunque está claro que “modelos que afectan con intervensionismo, estatización y control del comercio exterior, en países de dimensiones relativamente pequeñas como Argentina a escala global, producen varios problemas: insuficiencia de inversión, inflaciones crónicas elevadas, y por tanto, una de las amenazas es un proceso de bajo crecimiento con inflación”.
 

Default sobre default no va a haber, sí puede haber un proceso de devaluación si se toma en cuenta un cambio de escenario a nivel internacional que provocaría una presión al alza del dólar a nivel global”. Igualmente “no estamos ante un desenlace inminente en Argentina, pero tenemos claro que con este tipo de medidas intervensionistas y de ruptura Argentina compra tiempo para sostener su modelo y habrá más medidas por venir”, como por ejemplo, nuevas nacionalizaciones o mayores controles.

Consultado sobre el por qué de esta modalidad de expropiación decidida por el Gobierno de Cristina Fernández, Oddone respondió:

Argentina adoptó un modelo económico en 2003, que era de emergencia por la catástrofe que se vivía. Pero la prolongación del modelo requiere modificaciones para prolongar su vigencia en el tiempo, requiere superávit fiscal y de cuenta corriente, algo que ha desparecido en el tiempo en este país”. Además “requiere mantener un tipo de cambio real subvaluado. Lo que logró es un tipo de cambio nominal, pero la inflación ha perforado la competitividad de Argentina. Y a pesar de las medidas destinadas a reducir la inflación, esta está por encima del 20%. Además tiene un problema de caja relativamente importante y una perspectiva de enfrentar un escenario por la presión de una apreciación del dólar, por lo que necesita recursos líquidos de corto plazo”.

Ante este panorama, Argentina “tomó medidas como la restricción al comercio para contener la salida de divisas, los controles a la salida de capitales, la intervención en empresas públicas para controlar más caja y hacerse cargo de los procesos de inversión insuficientes para garantizar un suministro en condiciones. La factura de petróleo ha empezado a ser deficitaria y controlando la compañía se supone que va a mejorar la producción de petróleo y se va a requerir menos importación”.

Oddone recordó que el modelo kirchenrista que se inició en 2003 se trazó como objetivos “recentrar el control de algunas cuentas públicas que estaban fuera, el Estado se había quedado casi sin impuestos de circunscripción nacional, el modelo pretendía en aquel contexto poder ayudar a que el sector externo creciera, ayudar a la competitividad. Eso que fue muy razonable en el arranque del desempeño, que generó restricciones que llevan a presiones por el lado inflacionario. Para poder mantenerse en el poder los kirchneristas, que asumieron con poco apoyo, tuvieron que realizar una política de apoyo social. Y mantener esos subsidios les ha generado una factura al gasto público que ha crecido más que el PIB hasta hace poco tiempo”.

Ese modelo iniciado en 2003, “tenía y tiene una fuerte vocación de control político, claramente diferente al antiguo modelo de la convertibilidad. Ese modelo se manejó por oposición a ese modelo anterior de los años 90. Esto ha generado excesos hacia el protagonismo en la discrecionalidad, en el otorgamiento de recursos, un excesivo intervensionismo. Es un modelo parecido al que teníamos en los años 50 y 60. Es un modelo que funciona bajo ciertas condiciones que, para mantenerlas, hay que tomar medidas”.

Interrogado puntualmente sobre la expropiación del 51% del capital accionario de la petrolera YPF, que era propiedad en un 58% de la española Repsol, Oddone explicó que a esta medida “hay que mirar en qué momento se tomó. El motivo es que se necesita hacer caja y controlar, y la controversia sobre el nivel de inversión que la compañía española realizaba sumó más aditivos al asunto”.

Se eligió a la empresa propiedad de Repsol porque “la energía es donde hay más restricciones, porque en la factura del petróleo hay buena fuente de salida de dividas a controlar y porque España se percibe como un luchador en condiciones menguadas por el castigo que sufre de los mercados”.

La comunidad internacional viene actuando con prudencia sobre este asunto. Las declaraciones de EEUU, si se miran con atención, defienden el estilo de negocios. Todos los gobiernos, aún Bruselas, han tomado reacciones importantes con ciertas amenazas, pero no estamos ante una escalada de castigos. El respeto a las reglas de juego, el intentar que estos procesos de intervención de compañías –que pasan en todo el mundo y están legislados- tienen lugar bajo ciertas condiciones, pueden ser comprensibles. El tema es si la forma en que Argentina lo hace es entendida como amigable para el mundo de los negocios para que no comprometa el clima de negocios. Argentina evaluó que su situación actual en materia de mercado internacional es mala y una medida así, si bien empeora su imagen, no es de un calibre para generarle un problema mayúsculo. Por tanto decidió ir para adelante dadas las restricciones que el modelo enfrenta y que necesita sostener”, concluyó.

 

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