Argentina 2012: otros protagonistas, la historia de siempre

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¿Por qué Argentina reduce la autonomía del Banco Central, restringe el comercio y nacionaliza compañías privatizadas?
Porque es la respuesta racional para prolongar la vigencia del modelo de TCR (tipo de cambio real) subvaluado que está perforado por: i) desaparición de los superávit gemelos (corriente y fiscal) que son una condición necesaria para la sostenibilidad de los equilibrios macro en los que se asienta el modelo; ii) creciente problema de caja del Ejecutivo derivado de múltiples obligaciones asociadas al soporte político del modelo y fuentes de ingresos que se desaceleran; iii) efectos espurios sobre la oferta de servicios públicos (vía baja inversión) derivados, sobre todo, de la represión inflacionaria en curso. En otras palabras, el mantenimiento del modelo intervencionista y discrecional requiere dosis crecientes de intervención y discrecionalidad.
 

¿Por qué Argentina no enfrentará obstáculos insalvables a corto plazo para seguir huyendo “hacia delante”?

Porque a partir de 2008 el mundo de los negocios se está viendo crecientemente influenciado por las acciones discrecionales de los gobiernos. En el acierto o en el error, la opinión pública a nivel global cree que los “excesos de los mercados” han provocado la mayor catástrofe económica desde la gran depresión, lo que requiere más controles y más límites a los mercados y más acción gubernamental. Esto no guarda relación con el origen ideológico de los gobiernos y provoca en el mundo un rebrote del nacionalismo económico, el proteccionismo y un ambiente menos propenso para la cooperación entre naciones. Naturalmente, dependiendo de la calidad institucional y el grado de adhesión a prácticas populistas de cada país, las versiones son más o menos extremas. En ese contexto, Argentina no encontrará obstáculos insalvables. La reacción del gobierno de EEUU frente al episodio Repsol – YPF, es elocuente en ese sentido.

¿Por qué Argentina siempre es la versión extrema de la moda de turno?

Porque su debilidad institucional alienta ciclos políticos “muy profundos”. La respuesta óptima (racional) de cada ciclo recorre una secuencia que requiere: i) desarmar y enterrar el modelo heredado (ese es el mandato con el que se llega al poder); ii) implementar un modelo alternativo de emergencia (que generalmente se define por oposición al previo) y que requiere maximizar el soporte electoral para hacerlo viable a corto plazo (crecer rápido y a cualquier precio es vital); iii) superada la etapa crítica inicial, impedir cambios al patrón de acumulación-distribución del modelo diseñado que es funcional al sustento político que se percibe frágil y efímero. Ello supone estar dispuesto a respetar poco las restricciones que la disciplina económica le impone a la conducción de la política económica, priorizando siempre la popularidad sobre la sostenibilidad; iv) resistir a cualquier precio hasta que el modelo colapse porque la pérdida de poder para las autoridades de turno supone una amenaza para los máximos dirigentes.

¿Es inminente un desenlace crítico en Argentina?

No. Sin embargo, las “novedades llamativas” provenientes de Buenos Aires aumentarán en intensidad, y probablemente, se harán más frecuentes. Es parte de lo que el modelo kirchnerista (insostenible a largo plazo como lo enseña la historia del Río de la Plata del siglo XX) requiere a corto plazo. En ausencia de cambios de orientación importantes (que no tendrán lugar por lo dicho en 3), ya estamos en la fase descendente del “ciclo político” argentino de la era “K”. Sin embargo, el desenlace no será inminente. El gobierno tiene soporte popular y, sobre todo, todavía cuenta con recursos para estirar la vigencia del modelo sin cambiarlo (son posibles más nacionalizaciones, nuevas restricciones al comercio y nuevas intervenciones en actividades donde hay “caja”). Además, todas estas medidas de corte nacionalista recibirán apoyo de casi todo el espectro político como está ocurriendo con el episodio Repsol-YPF. Una desaceleración más profunda de la prevista en los Emergentes (sobre todo en Brasil y China) con efectos importantes sobre los precios de las materias primas y la producción industrial argentina, o un aumento precipitado y no anticipado de las tasas de interés en EEUU que provoque un alza del dólar, acelerarán la descomposición del modelo “K”. De todos modos, dado que ambos fenómenos no son muy probables en los próximos meses, tendremos espectáculo en Argentina por un tiempo más. Como siempre, asistiremos a la tragedia con una ubicación privilegiada, aunque espero que esta vez las consecuencias para Uruguay sean menos graves que en el pasado. Uruguay ha trabajado para ello. Tendremos oportunidad de demostrar cuán bien lo hemos hecho.

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